domingo, 14 de junio de 2020

Confesión

Ahora sí me puedo sincerar:
me la paso alimentando fantasmas,
haciendo crecer sombras, 
dándole de comer a los espantapájaros,
rodeado de tierras fértiles si utilizar,
replicando ecos infernales,
que son voces distantes,
quimeras con apariencia de cariño

Me la paso mendigando expresiones de albatros,
vuelos de sentimientos artificiales,
rayos que partan la niebla del domingo,
migajas de mesas de bares vacíos,
un vino fuerte y desechado,
transmutación de pordiosero resucitado,
al que nadie le avisó que el mundo
- y todo lo conocido - yace enterrado

Atlántida de pura melancolía,
surcada por babosas sin corazón,
que arrastran sus cadenas hacia el abismo,
porque el sufrimiento es un escudo contra la verdad
y se contagia y se expande
y es un gran éxito entre jóvenes ciegos,
danzarines de los espacios rectangulares,
modernidad de los artefactos lumínicos

Ahora sí que no me escondo más,
puedo confesar que me la paso jugando
a que son las seis de la tarde
y que mi patio es un pelotón de fusilamiento
y que yo me pongo de espaldas al paredón
y que todas las sombras y fantasmas dicen: ¡Fuego!
como ecos infernales, voces distantes,
quimeras con apariencia de cariño.


****Hay algo de musicalidad en ese verso: "quimeras con apariencia de cariño". Pero no estoy seguro que alcance para hablar de poesía. Por lo general, existen dos preguntas que te pueden arruinar el día, además de un mal poema: 1) ¿Cómo estás? 2) ¿Por?
Calculo que también tiene que ver con la musicalidad. Suenan algo irritantes. La 2) es la peor, porque como que se agudiza en esa "o". Y eso es molesto. La 1) resulta, por ahí, más cruel, es una pregunta con respuesta inabarcable, y que denota desinterés por la persona a la que se consulta. Una suerte de fórmula para cumplir el trámite con algún conocido. Preferible que te manden a la mierda, así por lo menos hay pasión. ¿Cómo estás? es la nada misma, la no-pregunta. El ¿por? es lo que sigue, una suerte de no-pregunta obligada por haber hecho la primera, una manera de habilitar a que ese otre diga lo que tenga que decir, lo más rápido y concreto que pueda y que se arregle, porque "perdoname pero estoy apurado". "Nos vemos" y, súper insoportablemente, "que sigas bien".

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