14 de abril, era de noche…
Me despedí de Despedidas, el último artefacto literario de Julian Barnes con el que decidió despedirse de la escritura. De acá en más le puedo creer o no, o simplemente seguir utilizándolo cuando lo necesite, volviendo sobre alguno de sus libros que tengo en mi biblioteca y que ni a palos son todos los que publicó, obviamente, son apenas cuatro o cinco, por lo cual como me faltan un montón de alguna manera es como si recién estuviese empezando a escribir, al menos para mi. Pero para él, definitivamente – según declara por escrito – sí es el final. Y me quiero quedar con la siguiente frase suya que dice haber sacado de alguien más: “La felicidad no me hace feliz”. Gran frase que atribuye a una amiga suya que , luego de reencontrarse con su viejo amor, y después de concretar matrimonio tardío, se da cuenta de que eso que dicen llamar felicidad a ella no le produce el ser feliz, o al menos es lo que interpreto. Entonces en la madrugada del domingo veo el recital de The Strokes y su líder – otro Julian- Casablancas parece estar interpretando a la perfección lo que refiere Barnes. Resulta que su banda sacó nuevo disco y salió al ruedo nuevamente, y como principal presentación salieron a escena en el festival Caochella, que hoy por hoy es el más famoso del mundo. Para colmo aparecen como uno de los grandes números, solo por debajo de quien cierra la jornada del sábado, un tal Justin “baby baby” Bieber. Y Julian – Casablancas- no puede más de fastidio, no logra asimilar estar cantando para dejarle el escenario al joven canadiense que hace una música que mejor callar… El Julián de los Strokes no puede disfrutar su gran momento, eso que para el resto de los humanos sería felicidad pura, el hecho de estar con tu banda tocando en el escenario más importante del mundo para él es una cagada, tanto que no logra entablar una relación al menos pasable con las miles de personas que lo alientan desde el público o desde la transmisión por Chotube. “Es que la felicidad no me hace feliz”, propondría la amiga de Julian Barnes. ¿Entonces qué es lo que te hace feliz si no es la felicidad? Inconfesable.
No me animaría a exponer las cosas que me hacen feliz y que nada tienen que ver con lo que convencionalmente asociamos a la felicidad, pero es un buen tópico para probable historia que nunca voy a escribir. Felicidad, tal vez, haya experimentado el domingo en el medio del pogo en el recital de PIL, la banda del más mejor de los Pistols, que pasó por Mar del Plata. Manera extraña de sentir felicidad, chocando mi cuerpo contra los cuerpos esculturales de un puñado de jóvenes, transpirando y siendo pisado hasta perder las zapatillas, que por suerte encontré al final y que sé muy bien que voy a tener que lavar o tirar el lunes. Y también sé perfectamente que los dolores corporales de tanto pogo me van a complicar la semana de trabajo entera. Conclusión: ya no soy joven. A lo mejor, tampoco es que sea tan viejo, Johnny Rotten tiene setenta y sigue de gira, está ahí parado estoicamente en el escenario, pegando unos gritos potentes como si fuera un soprano del punk, tomando su whiskey escocés y largando escupitajos como si tuviese una manguera de bombero conectada a las vías respiratorias. Ser feliz sin perseguir la felicidad, porque hace horas que no como y solamente tengo cerveza en la panza, y sin embargo salto para un lado y para el otro y me choco con otros cuerpos, y perdón porque casi me llevo puesto al futuro más prometedor del punkrockpostpunkocomomierdaloquieranllamar. Es que en un momento me empujaron fulero y fui a dar derechito contra una de las integrantes de Buenos Vampiros. Pero quédense tranquilos, frené a tiempo y el impacto resultó muy mínimo. Mala mía, ya no estoy en edad, hubiese sido un papelón lesionar a una artista joven y prometedora, todo lo que yo no soy. Me toca la parte del ex joven, nuevo viejo y falso prometedor. La felicidad y sus caprichos. La salida de Brewhouse es una cagada tanto como la entrada, pero a mis camaradas de recitales se les ocurre pedir un auto desde aplicación, y al final no me acuerdo cuál fue, si Cabify, Didi o Uber o Remicoop, lo que me acuerdo es que era una Surán con patente terminada en 237, ¿o era 238? La felicidad es poder, todavía, recordar algunos buenos momentos, como ese sonido que plantó John Lydon junto a sus camaradas de banda, toda gente vieja que viene sonando muy bien, y que menos mal que se pasaron por visita en mi ciudad. Lo bueno de llegar en un bondi a ver a una pieza casi de museo de la música del siglo 20, el siglo que más y mejor habité, y que más y mejor sonó. Sobre la lista de temas hay una impresa que se llevó el camarada Wally, y que queda en su museo histórico de “trofeos” de recitales, tiene unos cuantos y muy buenos e irrepetibles, tanto como la otra camarada, su hermana Marce, pero ella es más de bailar y poguear, los tesoros se los olvida o los lleva en el cuerpo. Hablando –escribiendo- sobre eso, lo feliz no es tanto la felicidad, sino el soltar un poco el cuerpo, aunque la consecuencia sea este dolor que me está matando ahora mientras escribo. ¿De verdad tenía que salir a chocar gente justo con el brazo izquierdo? ¿Por qué no me curaron de zurdera cuando todavía era interpretada como una enfermedad? Supongo que eso de la felicidad no está nada claro, y que cada quien maneja lo suyo como le viene en ganas, o como puede. Sé que hoy lunes mis camaradas estarán tratando esas partes del cuerpo que son las marcas de su felicidad. Los pienso felices, aunque el dolor mitigue sus buenos recuerdos de un domingo punk, muy punk, que quedará en nuestra memoria.*****La lista del museo Wally, en el corazón del barrio Rivadavia, tiene la particularidad de que no fue respetada al 100%, hubo modificaciones / adaptaciones que la banda decidió sobre la marcha. Quienes estuvimos esa noche sabremos cuáles temas sí se tocaron y cuáles no, quienes no estuvieron pueden intentar adivinar o armarse una lista de reproducción igual para simular tamaño recital de PIL:
Si alguien estuvo esa noche, por favor, escríbanme su experiencia que vale más que el petróleo. Comparto una foto más, todas gentileza del único e inigualable Wally:








