Epílogo (Detectives del Rivadavia)


Un libro chino sobre el escritorio, todo un pasado de polvo soplado por el viento que entra desde la ventana que nunca fue abierta, hasta hoy. El nuevo mandato, el nuevo encargado del limbo, la orilla del infierno, una comisaría más caída en desgracia, una desgracia anterior a su existencia; pero las cosas ya vienen dadas, los papeles están asignados, los escenarios prefabricados, los registros caídos al vacío de una ciudad más, un barrio. El nuevo cancerbero con su abanico de llaves para abrir y cerrar puertas y rejas siempre en decadencia, el lugar donde el sótano está en la planta baja, el pozo de la sociedad, el pozo ciego donde el tuerto es el más cagado de todos, el que se queda hasta la última gota salada de víctima fatal, gota roja, el derrame que nadie quiere ver hasta que lo ve. Una maniobra del destino y las almas quedan encalladas ahí para toda la eternidad. Almas inocentes, culpables, cómplices, asesinas, traidoras, misericordiosas, reflejando su actitud contra el espejo de cada una de las vidas, que circulan como partículas de polvo volando desde ese libro chino. Un desvío, algo que despierte a quien está destinado a dormir, el desvío que parece la salvación, pero en verdad es el comienzo de uno de esos finales de policial B, uno en el que tal vez el detective del barrio Rivadavia llega a la escena del crimen, tarde, como debe ser. Lo que encuentra es un cuerpo o varios cuerpos dibujados con tiza en el suelo, o lo que sea que no tiene más vida pero que la tuvo, y la tendrá un poco en los ojos de quienes lloran, esos despojos de la ciudad que penetran en el saco del detective que llegó tarde, como siempre. Y su destino es abrir todas esas puertas y rejas de una institución que detesta pero que necesita, como cagar cuando está descompuesto de muerte. Ventilar el polvo viciado y esperar por que no lo maten o lo contagien, para después ser expurgado por traidor, a nadie le gusta que lo descubran en sus desgracias, en sus mezquindades, en sus violencias, pero es la tarea del detective: descubrir para empezar a olvidar, encontrar consuelo en voces que no sean las que ya conoce, una esquizofrenia como epifanía, tratar de mantener el equilibrio, mirar el horizonte por la noche y fumar hasta que se termina el último deseo, que el amanecer venga con la ejecución en el patio de atrás, de esa misma comisaría, mientras vuelan el polvo y los restos de hojas del libro que parecía estar escrito en chino, el final del desvío. Volver a la senda justa, mentir una declaración esclarecedora, buscar en la enciclopedia el modo correcto para nombrar la brutalidad para hacerla pasar por justicia…el tiempo y todo lo inventado encolumnándose detrás de un error, el cuerpo del detective arrojado al basural o a lo profundo del océano desde el acantilado, y que su historia se pierda en el vacío de la noche. Siempre es de noche cuando los cuerpos desaparecen, cuando las historias se apagan, cuando la piel esconde sus marcas para que el mundo abra los ojos por la madrugada y ya sea hora de cambiar de ropa. Será primavera y después verano, habrá una fiesta con tela de encaje nueva, estarán presentes las autoridades de donde sea y se servirán copas para brindar la abundancia por llegar. Y llega. Y sí, es abundante. Y es dinero. Y es sangre. Y los ojos se levantan por última vez, alguien todavía quiere defender una moral, una filosofía estoica, un General del Imperio. Y las voces suenan para calmar las ansiedades de los indignados de siempre, unas gargantas cargadas de tequila, unos detectives que ya no mueren porque saber caminar y respirar sobre la basura podrida. Y los ojos, los ojos inyectados de sangre y misericordia, la túnica cubriendo su cabeza de santa protectora de asesinos y asesinados, la aureola de la culpa compartida, los brazos extendidos que invitan a la danza infernal, entrar a la muerte en manos de la Virgen de la Sangre, entrar en su eternidad para seguir la caída en una tumba sin tiempo, cenizas esparcidas en el paraíso artificial de un cementerio, el descanso final que es un cuento para niños que siguen mirando de espaldas a la vida. Un detective llegando tarde, como siempre. Una comisaría incendiada y destruida por los vecinos cansados de la muerte. Unos días de enero que pasan al ritmo del hit del verano. Una comisaría que se inaugura para fines de febrero, porque comienzan las clases y hay que proteger lo más sagrado. Un nuevo encargado del infierno que sonríe ante las cámaras, con un gesto que cuenta todo el pasado sin nombrarlo. Una mueca que miente el presente de esperanza y progreso. Una carcajada con la ironía del futuro en la punta de su lengua. El saludo con el Intendente y el ingreso al despacho, donde ya no hay libros, porque nadie los necesita más, es la era digitalizada. Los crímenes serán por ahí, las persecuciones y los disparos sonarán en pantallas. Otra mueca socarrona, el saludo para las autoridades de la provincia. Las celdas limpias y preparadas para comenzar a derruirse con las torturas diarias. Violencia analógica. Los patrulleros saliendo a recorrer los quioscos y los lugares de siempre, para hacer los recados de siempre. Las zapatillas colgando de las ramas de los árboles de las plazas. El intento de mantener el equilibrio, acallar las voces. Las especies, dicen, evolucionan aprendiendo de los errores del pasado. Pero tal vez no sea así, porque a lo mejor esta especie evoluciona perfeccionando los errores del pasado, aprendiendo a soportarlos, cambiando las fichas hasta que llega la correcta, la que es capaz de guardar en su memoria todas las atrocidades del mundo sin siquiera preguntarse por qué. El nuevo encargado de la comisaría. El que va a sobrevivir. El adecuado para hacer caso omiso a las voces. El único capaz de convivir con ese polvo, esas puertas, esas rejas, ese olvido.


*Y este sí que es el final:

**********************humildemente, Juan**************************************************************todo lo dicho**********************


Un final (Detectives del Rivadavia)


Ya no era su caso, preocuparse por las instituciones, fomentar la salud de la sociedad o la filosofía centrada en tratar de comprender el tiempo. Porque sentía. El sentimiento es enemigo natural de la razón, y ya no tenía espacio para otra cosa. El Comisario encerrado solamente sentía. Arrepentimiento, ira, pero jamás misericordia. Esa palabra le generaba miedo, el miedo a esos ojos, a esa Virgen de la Sangre. Su límite, el momento de la caída, las alarmas que se encendían y las enfermeras ingresando en su cuarto oscuro para compensar lo que ya estaba completamente desequilibrado. Después, pasar las horas y los días hasta olvidar, y volver de a poco a perder el efecto narcótico y recordar, otra vez, las caras de sus enemigos, los espacios y rincones de esa maldita comisaría, sus olores a encierro y muerte y la injusticia en cada baldosa y el arrepentimiento y la ira y…….otros días y semanas que pasaban, y una noche y un sueño recurrente, uno en el que su cuerpo era sacrificado en el medio de un ritual en el patio sagrado de Ciudad Prohibida, una redención incompleta en la que el General Imperial sacaba su espada dispuesto a darle el descanso merecido. Pero nunca terminaba. Esa escena final del sueño era lo que le impedía sanar, descansar de una vez. Él era el Comisario, parte fundamental de la institución, su cara visible, su celoso guardián, el encargado de proteger las sagradas escrituras que conformaban esos reglamentos tan especiales, preparados más para la subsistencia de los usos y costumbres de un grupo de personas que para impartir justicia. Pero él debía enunciar al revés, siempre al revés. Luego seguir hasta el próximo día, mirar para otro lado, dejar que cada personaje diseñado por la misma maquinaria que lo había diseñado a él, siguiera cumpliendo su papel, costara lo que costase. Para poder dormir correctamente, para que esas paredes y esas rejas desvencijadas tuviesen un sentido. Entrar en la Comisaría que te tocó en condena era el paso previo al infierno. Después, nada es igual, nada es lo que parece, un pedazo de la realidad se cae sobre tu cuerpo. Y con eso había que convivir, viendo esos cuerpos sufrientes y desengañados, todos los días. Ver vírgenes perder su primera vez, violadas y violados sistemáticamente por ese Sistema que estaban empezando a mirar a la cara para darse cuenta que mejor no mirar, mejor buscar otros ojos, unos de misericordia y perdón. El perdón para los infelices que acaban por enterarse de que la justicia era lo mismo que el tiempo, algo que nadie puede explicar, algo que cada quien mide como puede, y nunca de la misma manera. A veces un minuto es más largo que una hora, y otras ese minuto dura lo que un segundo, y un segundo parece un año. Buscar un sentido, una razón, una certeza. Imposible. Pero el Comisario debía garantizar ese falso orden, al menos un alivio, un instante, un “estamos trabajando para resolver”, “ya tenemos individualizados a los responsables” “pusimos todo los recursos con los que disponemos para…..” ¿cómo era esa palabra….ya se le había perdido en la memoria?....y volvía y se mordía la lengua para no mentirla, la sangre se le llenaba en la boca, comenzaba a ahogarse, las enfermeras entraban y limpiaban la escena ¡Limpiar la escena!, lo reprendían, lo inyectaban, quedaba desmayado…pasaban las horas…..agradecía el deterioro lento pero constante de su memoria….agradecía el hecho de irse desgranando…..agradecía acercarse a lo más parecido a un final……agradecía poder olvidarse de sí mismo, aunque no era el final.

No todavía,

No nunca,

¿Cómo era esa palabra?

Esa que tanto sonaba en los pasillos de la Comisaría, en el desierto de Sonora, en Ciudad Prohibida, en los ojos de la Virgen de la Sangre, en los pasillos de lo que quedaba de su memoria...

Apagar las voces...

Olvidarlo…

Olvidarlo todo…


*Un temazo de final: 

************************************************************************************************humildemente, Juan*****************ojalá todo hubiese sido diferente******************fin?¿*************************


El Comisario en un rincón (Detectives del Rivadavia, capítulo 23)


Algún día se haría justicia, esa era la única certeza con la que contaba el Comisario, encerrado en una habitación de una institución que ya había olvidado cuál era. Seguro una destinada a mantener oculto a todo lo que la sociedad no debe ver para poder continuar consumiendo y sintiendo según inteligencias gobernadas por vaya a saber qué grupo de dueños alienígenas, cosas que ya no le interesaban porque su cabeza estaba desordenada, orbitando sobre una realidad que ya no estaba ahí, una realidad que era un vacío sin ojos, una realidad donde sus personajes paradigmáticos ya no le hablaban, ni el General del Imperio ni los detectives de Sonora ni siquiera la Virgen de la Sangre, nadie, ni el abogado de la fuerza ni los enviados del Ministerio de Seguridad ni los doctores o enfermeros o administrativos o uniformados institucionalmente institucionalizados, nadie atendía sus necesidades, solamente se sentaba en un rincón de esa habitación y recibía alguna comida a través de la puerta, unos brazos que se extendían diariamente junto al destello de la luz que vendría impulsada desde el pasillo de ese lugar que no podía / quería saber cuál era, y en su cabeza la idea de justicia se iba borroneando como si se alejara de su vista lentamente casi sin advertirlo pero siempre haciéndose cada vez menos legible, como ir perdiendo la vista y ganando una oscuridad que viene a sanarlo todo pero de la peor manera, entonces ya sentía que sus días estaban contados, que el fundido a negro de su vista corría paralelamente a las últimas líneas de su vida, una que había sido rematada en vida por una extraña confabulación entre: un exceso de realidad y un abuso de espiritualismo, una combinación letal que no podía ofrecer una buena salida si el componente contenedor era la Comisaría que te tocó en condena, junto a cada una de las personas que rodearon el ambiente hasta que terminó estallando con un sinnúmero de víctimas que fueron sacrificadas en nombre de las fuerzas del orden, para poder continuar con un juego sin sentido, que él eligió mantener hasta que su propia condición humana dijo basta, ya no hay más para soportar, ya no quedan héroes en las esquinas de ningún barrio, ni siquiera hay profesionales con cierto sentido del deber, del honor, de la misericordia, arquetipos que ahora entendía solo estaban en su cabeza fabuladora, en esos personajes que le habían brotado, el síntoma de lo que sospechaba era su enfermedad última, su cerebro intentando protegerse mediante la locura, ¿por qué no? era mejor eso que padecer los ojos de cada familiar de cada víctima, una última que era esa mujer que se esforzaba por el barrio repartiendo viandas que deseó algún día probar, y que cuando quiso hacerlo se precipitó el final, el disparo del Ayudante, la caída de la bicicleta, la sangre y su venganza de todo, de todos, más sangre derramada sobre sus pies y la mirada final de la Virgen que no lo perdonó, que solamente le tuvo piedad y misericordia, y él entrando en razón justo en el momento en que la Institución lo consideraba más alejado de la realidad, más peligroso para con la realidad, esa fuerza invisible empeñada en mantener una suerte de orden que siempre es cruel e injusto, pero que cada generación se encarga de justificar ¿y cómo lo hace? pues creando y alimentando las instituciones, porque es mucho peor flotar en el vacío de la soledad, sin algo que ancle es imposible vivir aunque duela mucho y sea en verdad una condena, condena con la que el Comisario cargó hasta que lo apartaron, y así lo aceptaba, y así pasaba sus días acorralado contra ese rincón oscuro de esa habitación que sentía que estaba alojada en el lado menos florido de Marte, donde se respiraba un aire leve, fino, apenas suficiente para mantenerlo con vida porque sí, porque el riesgo es grande y es mejor estudiar lo que se desvía, es mejor tenerlo bajo una lupa para que la próxima comisaría tenga como encargado a alguien un poco más fácil de interpretar, una demanda que llegaba desde las altas esferas de un poder que nadie entiende, pero que conforma, conforma porque ofrece algún tipo de jerarquía, algún tipo de orden, aunque la mayoría no lo entienda y viva y muera de hambre injustamente pero con leyes que avalan lo sucedido, con Instituciones que reglamentan todo tipo de injusticias que pasan -irónicamente- a ser exactamente lo contrario, por obra y gracia del poder de turno, un turno que se repite en su número, siempre más o menos igual a sí mismo, siempre más o menos llegando a las mismas conclusiones, unas conclusiones que excluían la sabiduría, porque lo que el poder necesita es alimento y deseo, solamente para crecer mal, de forma despareja, mientras deposita sus excrementos en los márgenes, ese lugar que es lo único capaz de crecer en un contexto semejante, la marginalidad donde ahora el Comisario pasaba sus últimos días, pasa sus últimos días, pasará sus últimos días, el tiempo de su recuperación que es mirado en espejo por la institución como el momento en el que abandonó todo tipo de razón, tiempo vacío de significados para cualquiera de las partes, tiempo donde la única esperanza era el silencio atronador de las víctimas, ese silencio que construye la base sólida con que una especie de justicia verdadera puede llegar a resistir, apenas, aferrarse a la vida en silencio, agarrada de un dedo, una pulga que salta sobre conciencias hasta que algún día pica con fuerza a alguien que quiera atenderla, y después ese anticuerpo, una ola gigante que acabe con toda esa realidad ordenada de una vez, mientras debajo circula la verdad, un conjunto desordenado de hechos que muestran todo el tiempo lo que se estaba intentando ocultar, nada parecido a la justicia, nada parecido a la Historia, solo palabras y gestos primigenios capaces de protestar por su lugar en el inconsciente colectivo de la sociedad, cualquier sociedad, que en algún punto extravió su camino, perdió su sentido.


****este podría ser el final, pero..........

*****************************humil-demente, Juan****************************************************************************************nos vemos************del otro lado............


De acá no me voy ni en pedo

*el siguiente poema fue pensado y tuvo su nacimiento durante un viaje en auto con chofer de aplicación, un genio que se llama Gustavo y con el que fuimos amigos por unos cuantos minutos. en honor a ese encuentro, este poema:


De acá no me voy ni en pedo

porque imaginate ser atropellado

por un camión hidrante de los milicos

en otro país, en otro suelo;

de acá no me voy ni en pedo

porque no me veo caminando

por unas calles sin mis propias

huellas de ayer, más chicas

pero muy perfectas,

no me veo formando parte

de otro tipo de indignaciones

¿pensando en otro idioma?;

de acá no me voy ni en pedo

aunque me vengan a buscar

a la esquina de siempre

para decirme que ya nadie

me necesita ni quiere tomarse

una birra en mi honor,

ni me busca ni me encuentra,

aunque mi cuerpo

quede desfasado del lugar

a contramano del tiempo;

de acá no me voy ni en pedo

para cagarme de hambre

y ser explotado igual

pero con otros nombres,

necesito el sonido

de aquello que reconozco

como el lugar al que volver

todos los días apaleado,

el canto del buitre

que rompe la bolsa negra,

el vuelo de la paloma infectada

sobre la plaza con árboles secos

de donde crecen ramas

con zapatillas rotosas colgando,

los microbasurales del rincón,

las calles mal iluminadas

a propósito como para

hacer de la vida un policial clase B

sin presupuesto y empinando

un litro y medio de viñas de Balbo,

los cuerpos descartados

a punto de morir de frío

pero sobreviviendo por la mañana

para reposar el domingo a la tarde,

el día y el instante en que todos

los sentimientos se calman,

el frío de este otoño,

el viento que nunca termina

de arrojar hojas muertas

y…..

tal vez

tu sombra contra el paredón

blanco de la esquina de siempre,

reflejo de un instante

que medio disfrutamos

cagados de frío

tomando mate,

diciéndonos

de acá no me voy ni en pedo.


**********Humildemente, Juan/*********aguante el barrio Rivadavia y aguante Batán y aguante Mar del Plata*********************

************************cómo te extraño flaco, cómo te extraño flaca*********éramos tan......algo//////////**********

El evangelio del Comisario según la Virgen de la Sangre (Detectives del Rivadavia, capítulo 22)


La Virgen de la Sangre, la Madre de la misericordia, la tierra arrasada. Sus pies caminan con los tallos blancos de las hojas de todos los cerezos desflorecidos del universo, y ella flota sobre cualquier superficie. Figura sangrante o arenosa, depende de donde se aprecie la aparición, que siempre es la misma, pero con alguna pequeña variante. Cada lugar lleva su nombre y sus ojos siempre sangrantes, fustigando a los viles enemigos y perdonando a los aliados, a los redimidos, a los cabizbajos. Una vida entera agachando la mirada hasta la aparición, en un último y venturoso día donde toda la realidad se hace añicos contra su misericordia, esa hora del juicio final en donde todos nos encontramos para ser perdonados y abrazarnos mientras algún traidor nos da el beso y la puñalada por la espalda. Y sus ojos se clavan ahí, sin mirar pero  atentos al desenlace. Si su voz es la ausencia su mirada viene a completarla, viene a dar las explicaciones que residen desde siempre en el corazón de cada uno de sus hijos, de sus hijas. Todos sufrientes en un mismo camino, en la senda redentora que llega a ese tronco de árbol de la vida, el último, que paradójicamente es el paso hacia la……..

Cosas que no se pueden nombrar porque son sagradas. Suelo sagrado, palabras sagradas de Virgen. El perdón y la misericordia, el abrazo fustigador, el abrazo de hielo que todo lo explica, que lava las culpas sin olvidar el castigo. Y pobre de aquellos que no quieren ver, pobre de aquellos que imaginan su redención como un acto individual de heroísmo que quedará en la Historia. La Virgen de la Sangre toma esas almas para que la acompañen en un peregrinaje eterno, pero sobre ríos hirvientes de cuerpos destazados. Aquellos que la negaron y deben sufrir porque para eso existen, para probar su verdadero poder: infundir miedo. Miedo para quien reza en su nombre, miedo para quien mata en su nombre, miedo para quien la ignora, miedo para sus hijos, miedo para el padre, miedo para sus predicadores. La aparición en cualquier lado a cualquier hora, a lo largo de toda una historia. La Virgen de la Sangre viajando en todas direcciones al mismo tiempo, vistiendo todas las ropas del bazar del mundo, hablando cada una de las lenguas del Universo, cosechando infelices hasta el final diminuto de sus insignificantes vidas, esas que alcanzan grandeza solamente ante su aparición… Ahí bajó la Virgen de la Sangre, cualquier fatídico día, justo en el momento en el que te quedás sin respuestas, vacío de preguntas. Aparece, un destello, las lágrimas de sangre que impiden ver con claridad. No importa, ahí está. De su mano entrarás en los últimos instantes de tu vida. De su mano entrarás en el reino de un Dios siempre callado, siempre en silencio, siempre temeroso de esos ojos. Luego, la confusión del baile diabólico, la Virgen de la Sangre prepara tu destino final, el largo camino del penitente. Miedo, sufrimiento, todo lo que conforma su amor. Porque su amor es castigo divino, castigo eterno, recuerdo de errores pasados que no deberían haber existido. Una vida entera enfrentando situaciones, una vida entera cometiendo errores, pero ella llega justo para hacerte pagar con sangre y eternidad de pecador. Y solo resta arrodillarse y agradecerle, arrodillarse hasta que las piernas flaqueen y no puedan sostenerse más, para que después ella disponga, porque ella es misericordia, ella es el día que estabas esperando para poder dejar de depender de tus viles acciones. Tu cuerpo vuelve a su reino, tu cuerpo es destrozado por su voluntad, porque tu cuerpo es suyo desde la concepción. Atrás queda el castillo sin luz donde duermen eternamente las almas de los impíos, las almas de aquellos que se pensaron más grandes que su misericordia. Condenados a no poder descansar en una habitación diminuta de un reino sin sol, sufriendo el frío y la oscuridad eternos. Pero no vos. No en tu caso. Está escrito. El evangelio del Comisario según la Virgen de la Sangre. Tu baile infernal rumbo a su abrazo. Tu alma en pena desgarrada por su mirada despejada de males. El mal más puro de todos, el que nunca se contaminó con nada. Su mirada, su maldita mirada. Su voz ausente, su terrible voz ausente. Su lecho, un lecho vacío de sentimientos, un lecho destinado al dolor eterno de sus hijos, los pecadores penitentes que pensaron que rezando su rosario podían elegir mejor vida, mejor muerte. La suya no tiene moral, la muerte elegida para vos es muerte pura. Duele porque es muerte. Duele como la vida. No hay redención en este último destino, hay destino último, lo que no se puede cambiar. Su aparición marca el tope de lo posible, la ruina de tu realidad. A partir de ahí, tu alma entregada en sacrificio, en honor a su bendita voluntad. ¿Qué camino te espera, valiente Comisario? Una aventura que ya fue contada, que ya se escribió en cada rincón. Una cosecha de recordatorios que hubieses deseado borrar para siempre, y para siempre se imprimen en tu inmortal alma. El premio es el castigo, el castigo es tu premio. Ese día, ese fatídico día de la realidad. No debiste apretar el gatillo, no debiste arrodillarte en su altar, no debiste apuntar hacia tu cabeza, no debiste declarar. Debiste guardar silencio y pedir perdón, misericordia. Debiste guardarte para un día mejor. Deberás levantarte y llevar toda la carga, en proceso de redención. La entrada final a su reino es tu condena, el lugar donde seguirás cargando todos los pesos. Pero tranquilo, Comisario, ella siempre va a estar a tu lado, porque tu condena es su condena, tu sufrimiento eterno es el combustible de su existencia. Cada paso en la tierra arrasada, ahora serán pisados por tus pies manchados de sangre, y las hojas blancas del cerezo serán punzantes, serán el reflejo de tu alma podrida, de su misericordiosa mirada. El día final que nunca termina.   

*****************************

****como música de fondo:

*******************humildemente, Juan*********************y porque al Comisario me lo imagino con la cara del Ringo Bonavena, pero en el momento justo antes de caer****************


Una noche punk (fragmento del diario del noescritor del barrio Rivadavia)


14 de abril, era de noche…

Me despedí de Despedidas, el último artefacto literario de Julian Barnes con el que decidió despedirse de la escritura. De acá en más le puedo creer o no, o simplemente seguir utilizándolo cuando lo necesite, volviendo sobre alguno de sus libros que tengo en mi biblioteca y que ni a palos son todos los que publicó, obviamente, son apenas cuatro o cinco, por lo cual como me faltan un montón de alguna manera es como si recién estuviese empezando a escribir, al menos para mi. Pero para él, definitivamente – según declara por escrito – sí es el final. Y me quiero quedar con la siguiente frase suya que dice haber sacado de alguien más: “La felicidad no me hace feliz”. Gran frase que atribuye a una amiga suya que , luego de reencontrarse con su viejo amor, y después de concretar matrimonio tardío, se da cuenta de que eso que dicen llamar felicidad a ella no le produce el ser feliz, o al menos es lo que interpreto. Entonces en la madrugada del domingo veo el recital de The Strokes y su líder – otro Julian- Casablancas parece estar interpretando a la perfección lo que refiere Barnes. Resulta que su banda sacó nuevo disco y salió al ruedo nuevamente, y como principal presentación salieron a escena en el festival Caochella, que hoy por hoy es el más famoso del mundo. Para colmo aparecen como uno de los grandes números, solo por debajo de quien cierra la jornada del sábado, un tal Justin “baby baby” Bieber. Y Julian – Casablancas- no puede más de fastidio, no logra asimilar estar cantando para dejarle el escenario al joven canadiense que hace una música que mejor callar… El Julián de los Strokes no puede disfrutar su gran momento, eso que para el resto de los humanos sería felicidad pura, el hecho de estar con tu banda tocando en el escenario más importante del mundo para él es una cagada, tanto que no logra entablar una relación al menos pasable con las miles de personas que lo alientan desde el público o desde la transmisión por Chotube. “Es que la felicidad no me hace feliz”, propondría la amiga de Julian Barnes. ¿Entonces qué es lo que te hace feliz si no es la felicidad? Inconfesable. 

No me animaría a exponer las cosas que me hacen feliz y que nada tienen que ver con lo que convencionalmente asociamos a la felicidad, pero es un buen tópico para probable historia que nunca voy a escribir. Felicidad, tal vez, haya experimentado el domingo en el medio del  pogo en el recital de PIL, la banda del más mejor de los Pistols, que pasó por Mar del Plata. Manera extraña de sentir felicidad, chocando mi cuerpo contra los cuerpos esculturales de un puñado de jóvenes, transpirando y siendo pisado hasta perder las zapatillas, que por suerte encontré al final y que sé muy bien que voy a tener que lavar o tirar el lunes. Y también sé perfectamente que los dolores corporales de tanto pogo me van a complicar la semana de trabajo entera. Conclusión: ya no soy joven. A lo mejor, tampoco es que sea tan viejo, Johnny Rotten tiene setenta y sigue de gira, está ahí parado estoicamente en el escenario, pegando unos gritos potentes como si fuera un soprano del punk, tomando su whiskey escocés y largando escupitajos como si tuviese una manguera de bombero conectada a las vías respiratorias. Ser feliz sin perseguir la felicidad, porque hace horas que no como y solamente tengo cerveza en la panza, y sin embargo salto para un lado y para el otro y me choco con otros cuerpos, y perdón porque casi me llevo puesto al futuro más prometedor del punkrockpostpunkocomomierdaloquieranllamar. Es que en un momento me empujaron fulero y fui a dar derechito contra una de las integrantes de Buenos Vampiros. Pero quédense tranquilos, frené a tiempo y el impacto resultó muy mínimo. Mala mía, ya no estoy en edad, hubiese sido un papelón lesionar a una artista joven y prometedora, todo lo que yo no soy. Me toca la parte del ex joven, nuevo viejo y falso prometedor. La felicidad y sus caprichos. La salida de Brewhouse es una cagada tanto como la entrada, pero a mis camaradas de recitales se les ocurre pedir un auto desde aplicación, y al final no me acuerdo cuál fue, si Cabify, Didi o Uber o Remicoop, lo que me acuerdo es que era una Surán con patente terminada en 237, ¿o era 238? La felicidad es poder, todavía, recordar algunos buenos momentos, como ese sonido que plantó John Lydon junto a sus camaradas de banda, toda gente vieja que viene sonando muy bien, y que menos mal que se pasaron por visita en mi ciudad. Lo bueno de llegar en un bondi a ver a una pieza casi de museo de la música del siglo 20, el siglo que más y mejor habité, y que más y mejor sonó. Sobre la lista de temas hay una impresa que se llevó el camarada Wally, y que queda en su museo histórico de “trofeos” de recitales, tiene unos cuantos y muy buenos e irrepetibles, tanto como la otra camarada, su hermana Marce, pero ella es más de bailar y poguear, los tesoros se los olvida o los lleva en el cuerpo. Hablando –escribiendo- sobre eso, lo feliz no es tanto la felicidad, sino el soltar un poco el cuerpo, aunque la consecuencia sea este dolor que me está matando ahora mientras escribo. ¿De verdad tenía que salir a chocar gente justo con el brazo izquierdo? ¿Por qué no me curaron de zurdera cuando todavía era interpretada como una enfermedad? Supongo que eso de la felicidad no está nada claro, y que cada quien maneja lo suyo como le viene en ganas, o como puede. Sé que hoy lunes mis camaradas estarán tratando esas partes del cuerpo que son las marcas de su felicidad. Los pienso felices, aunque el dolor mitigue sus buenos recuerdos de un domingo punk, muy punk, que quedará en nuestra memoria. 

*****La lista del museo Wally, en el corazón del barrio Rivadavia, tiene la particularidad de que no fue respetada al 100%, hubo modificaciones / adaptaciones que la banda decidió sobre la marcha. Quienes estuvimos esa noche sabremos cuáles temas sí se tocaron y cuáles no, quienes no estuvieron pueden intentar adivinar o armarse una lista de reproducción igual para simular tamaño recital de PIL:

Si alguien estuvo esa noche, por favor, escríbanme su experiencia que vale más que el petróleo. Comparto una foto más, todas gentileza del único e inigualable Wally:

************humildemente, Juan***************hoy más expuesto que de costumbre**********

Declaración de los detectives de Sonora (Detectives del Rivadavia, capítulo 21)



No mames, buey,

estamos un poco cansados

de que te lo pases llorando

como si la cosa pudiese

haber transcurrido de otra forma,

pinche Comisario

la verdad es que hiciste una

de esas ¡cabrón!

que ni el mismísimo

Emiliano Zapata hubiese hecho,

y todo porque tal vez

no dormiste bien

la noche anterior,

porque no tienes sexo

hace cuanto, buey,

eres una pobre alma

sin redención

y te la cargas contra la Virgencita

¿y qué cosa tiene que ver con ella?

tus demonios son los que te cogen,

cabronazo,

deberías lavarte la sucia boca

esa que tienes

antes de hacer pendejadas

como la de apuntar a la sien

a la Madre de la Sangra,

la redentora y misericordiosa

que nos ayuda a cargar

con toda esa pinche mierda

que tenemos que cargar

por no haber nacido

del vientre de la madre

del General Imperial ese,

pinche General impoluto

y cabronazo que salta

todos los días sobre

su sable de la justicia

para regalarse una ropa

más de héroe de ocasión

y dejarnos a los demás

cabrones fuera de la historia,

esa Historia que el cabrón

escribe siempre con mayúsculas

para demostrarnos que es bien padrote,

un pinche y condenado padrote

que se sacrifica por el bien

de la mierda que nosotros

nos quedamos a custodiar

el resto de los días

en el condenado desierto,

soportando el calor

y a esos pinches escorpiones

que serían como la redención,

los fantasmas de nuestras muertes injustas,

pero ni siquiera eso

porque no nos matan nunca,

como a ti cabrón,

Comisarios / detectives

condenados sin condecoración,

olvidados en el sótano

de sociedades infectas

que acaban todos los días

perdonándose en nombre

de cosas que no pueden nombrar

porque si lo hacen

no queda una pinche mierda,

Comisario del sur

con el corazón de un desierto,

 ni lo sueñes cabrón,

jamás moveríamos un dedo

por sanar tus muertes,

no llenaríamos tus altares

con tequila barato

en nombre de una tarde

que no supiste poner la firma

y mirar para otro lado,

cabrón,

las cosas funcionan por algo

y ya creo que lo sabes,

y si más o menos llegamos

al fin de semana

y llenamos nuestros vasos

con algún agua ardiente

y comemos unas enchiladas,

pinche buey,

no cargues las armas

para hacer tronar

un escarmiento a destiempo,

porque ¿cómo era eso

del pinche aleteo

de la pinche mariposa?

como quieras, buey,

ahora ya ni tiempo

nos has dejado,

se empiezan a romper

los cristales del desierto,

y puede ser o arena o sangre

pero lo que no puede

es ese desenlace

que te imaginaste,

cabrón,

uno en el que se te perdonan

los pecados por enterito,

ni lo sueñes,

ni te humilles más,

siéntate si puedes,

buey,

y recibe lo que te toque,

agacha la cabeza

como cualquier hijo

de la Malinche,

y acepta la condena

que ya recayó sobre

todos nosotros,

ni una pizca de redención,

siempre mirando la frontera,

siempre deseando el final,

pinche final

que nunca llega.


*********me pasa que cuando hablan los detectives de Sonora, solamente se me viene a la cabeza Molotov:

*****************************humildemente, siempre soñando equivocadamente, Juan**************aguardando una señal que no sea tan chota***********


Epílogo (Detectives del Rivadavia)

Un libro chino sobre el escritorio, todo un pasado de polvo soplado por el viento que entra desde la ventana que nunca fue abierta, hasta ho...