Es bueno hacer catarsis, no lo dude querido Comisario. Es
bueno estar preparado para lo peor. Es bueno afrontar las consecuencias de cada
acto injusto que se haya cometido contra una cosa o tercero. Es bueno operar
desde las sombras para salvar a los que merecen ser salvados…como a usted,
querido Comisario. En nuestro trabajo hay que mantener las apariencias casi
todo el tiempo. En verdad, en eso es igual a cualquier otra labor humana. Pero
este instante nos sirve para reflexionar, pensar entre todos cuál es el camino
correcto a seguir. Ponernos de acuerdo, querido Comisario. Yo lo conozco y sé
muy bien el trabajo que se viene haciendo en esta bendita comisaría del barrio
Rivadavia. Una de las peores seccionales de la zona, pero por culpa del
contexto, que es en definitiva lo que nos condena siempre. Puede sonar
determinista lo que les digo, Comisario, enviados del Ministerio, pero sabemos
muy bien que la realidad no tiene mayor encanto que ese. Determinismo y punto
final. Sé muy bien que en otro contexto, distinto sería su accionar y el de sus
subordinados. Sé de las horas mal pagas, los problemas edilicios de la Comisaría
que te tocó en condena, conozco muy bien la escasa preparación del personal
y la nula capacitación ofrecida este último tiempo, sé de la falta de recursos
y material y de que el barrio está cada vez peor. Claro, el narcotráfico y lo
que lo rodea, sí. Los quioscos, las bandas, la violencia en las calles, nada
nuevo bajo el puente del arroyo La Tapera. ¿Les conté de la vez que me caí en
ese arroyo inmundo? Eran otros tiempos, el barrio era diferente, la gente era
distinta, no había tanta violencia, tanta prensa para la violencia, tanto cine
para la violencia. En algún punto, todos somos culpables e inocentes a la vez.
¿Parece contradictorio? Es contradictorio, querido Comisario. Por eso le ruego
que no se condene tan precipitadamente, porque puede ser que lo necesitemos
para construir un futuro….¿cómo decirle en términos verosímiles,
posibles?....para construir un futuro un poco más habitable. Sigo la
comparación, tal vez La Tapera ya no tenga el caudal que tenía en otros
tiempos, y de seguro que donde está desértico ya no va a pasar agua, pero puede
que en algunos días del otoño sí suba el agua un poquito y se vean unos
charcos. No sé si me explico. En comparación a toda la violencia y muerte que
vio hasta hoy en esta comisaría de mierda, lo suyo es apenas un accidente.
¿Evitable? Puede ser. ¿Injusto para las víctimas? Tal vez, habría que ver con
detalle. Pero yo no estoy acá para decir qué cosa es justa y cuál no. Yo soy el
representante legal del cuerpo, el que pone lo suyo para facilitarles el
trabajo a ustedes, querido Comisario. Lo suyo fue una reacción desmedida ante
una clara injusticia, y lo entiendo. Por eso lo perdono, como buen cristiano.
Lloro sangre con usted, aunque no me guste. Esa sangre merece su justicia
también, lo entiendo, lo comparto, no vaya a pensar mal de mí. Pero disiento en
la condena apresurada. Querido Comisario, su condena sería la condena para todo
el barrio, para la comisaría, para todos nosotros, los que mantenemos el
verosímil de la violencia en términos soportables para la sociedad entera. Ese
es nuestro primer mandamiento. Antes que nada, estamos obligados a servir al
prójimo, por lo que su declaración no puede ser realizada ante el juez, jamás.
En defensa de los ciudadanos de bien, de sus días en paz, debemos acordar otro
tipo de declaración. Y quédese tranquilo, querido Comisario, los héroes caídos
en servicio tendrán su condecoración, su reconocimiento. Jamás los tiraríamos a
la jaula del león. Los cuidaremos como a usted. Servidores públicos, eso es lo
que somos, y por eso nos cuidamos por el bien de la humanidad. Héroes, eso es
lo que la sociedad necesita. Muchos héroes. Como usted, querido Comisario.
Exactamente como usted, aunque ahora no se sienta precisamente en esa posición.
Su reacción es una condena para la impunidad. Usted arregló la cloaca de este
inmundo espacio urbano. Y se ensució, por supuesto, fue inevitable. Lo que nos
queda es arreglar lo que se pueda. Y lo que debemos hacer es centrarnos en eso,
querido Comisario. A lo mejor, un tiempo fuera del cuerpo policial le haga
bien, con seguimiento terapéutico, por supuesto. Y después vamos evaluando.
Daremos por hecho el enfrentamiento, las muertes inevitables, el estado de
shock en el que usted quedó y esa es la salida más conveniente, créame. No solo
para usted, que se lo merece aunque ahora le cueste creerlo. Sino para todas
las fuerzas de seguridad y quienes trabajamos día a día con ellas. Esto ya lo
hemos sufrido incontable cantidad de veces. No es la primera comisaría ni será
la última, en la que un evento desafortunado desencadenó una matanza
desgraciada. Pero la Institución es la prioridad, el Sistema tiene que ser
salvado siempre, a cualquier costo. Imagine si mañana saliera a la luz su
declaración. ¿Qué se supone que tendríamos que hacer con la comisaría? ¿Quién
se haría cargo de reflotarla? ¿Quién confiaría su seguridad al cuerpo? No se
puede, debe entrar en razón. Se lo suplico, querido Comisario. Y, una vez más,
le doy la razón, por supuesto que es un desastre todo lo que sucedió, por
supuesto que somos asesinos reglamentarios, por supuesto que nos dedicamos a
administrar la delincuencia. Sin dudas. ¿Corruptos? ¿Impunes? ¡El subsuelo del
Sistema todo! Claro, pero necesarios. Para que más o menos funcionen los
barrios, las ciudades, las provincias, el país y el mundo, debemos existir a
pesar de nuestros errores. Todo lo que sucede en el mundo cada día, son males
necesarios, por algo seguimos existiendo en el planeta. Esto es lo mismo,
querido Comisario. Somos una pieza más, con la forma y el olor que sea, pero
necesaria. Le ruego, por última vez, que considere rever su declaración. Le
damos el tiempo que necesite, no se haga problema. No existe nada más
importante que redactar con responsabilidad. Un texto, ya sea escrito o en voz
alta, puede generar el final del mundo. No lo dude, querido Comisario.
**Creo que este era la música para el final de la historia, pero no aguantó más:
**************************humildemente, Juna***************mucho gusto*****************************





