El evangelio del Comisario según la Virgen de la Sangre (Detectives del Rivadavia, capítulo 22)


La Virgen de la Sangre, la Madre de la misericordia, la tierra arrasada. Sus pies caminan con los tallos blancos de las hojas de todos los cerezos desflorecidos del universo, y ella flota sobre cualquier superficie. Figura sangrante o arenosa, depende de donde se aprecie la aparición, que siempre es la misma, pero con alguna pequeña variante. Cada lugar lleva su nombre y sus ojos siempre sangrantes, fustigando a los viles enemigos y perdonando a los aliados, a los redimidos, a los cabizbajos. Una vida entera agachando la mirada hasta la aparición, en un último y venturoso día donde toda la realidad se hace añicos contra su misericordia, esa hora del juicio final en donde todos nos encontramos para ser perdonados y abrazarnos mientras algún traidor nos da el beso y la puñalada por la espalda. Y sus ojos se clavan ahí, sin mirar pero  atentos al desenlace. Si su voz es la ausencia su mirada viene a completarla, viene a dar las explicaciones que residen desde siempre en el corazón de cada uno de sus hijos, de sus hijas. Todos sufrientes en un mismo camino, en la senda redentora que llega a ese tronco de árbol de la vida, el último, que paradójicamente es el paso hacia la……..

Cosas que no se pueden nombrar porque son sagradas. Suelo sagrado, palabras sagradas de Virgen. El perdón y la misericordia, el abrazo fustigador, el abrazo de hielo que todo lo explica, que lava las culpas sin olvidar el castigo. Y pobre de aquellos que no quieren ver, pobre de aquellos que imaginan su redención como un acto individual de heroísmo que quedará en la Historia. La Virgen de la Sangre toma esas almas para que la acompañen en un peregrinaje eterno, pero sobre ríos hirvientes de cuerpos destazados. Aquellos que la negaron y deben sufrir porque para eso existen, para probar su verdadero poder: infundir miedo. Miedo para quien reza en su nombre, miedo para quien mata en su nombre, miedo para quien la ignora, miedo para sus hijos, miedo para el padre, miedo para sus predicadores. La aparición en cualquier lado a cualquier hora, a lo largo de toda una historia. La Virgen de la Sangre viajando en todas direcciones al mismo tiempo, vistiendo todas las ropas del bazar del mundo, hablando cada una de las lenguas del Universo, cosechando infelices hasta el final diminuto de sus insignificantes vidas, esas que alcanzan grandeza solamente ante su aparición… Ahí bajó la Virgen de la Sangre, cualquier fatídico día, justo en el momento en el que te quedás sin respuestas, vacío de preguntas. Aparece, un destello, las lágrimas de sangre que impiden ver con claridad. No importa, ahí está. De su mano entrarás en los últimos instantes de tu vida. De su mano entrarás en el reino de un Dios siempre callado, siempre en silencio, siempre temeroso de esos ojos. Luego, la confusión del baile diabólico, la Virgen de la Sangre prepara tu destino final, el largo camino del penitente. Miedo, sufrimiento, todo lo que conforma su amor. Porque su amor es castigo divino, castigo eterno, recuerdo de errores pasados que no deberían haber existido. Una vida entera enfrentando situaciones, una vida entera cometiendo errores, pero ella llega justo para hacerte pagar con sangre y eternidad de pecador. Y solo resta arrodillarse y agradecerle, arrodillarse hasta que las piernas flaqueen y no puedan sostenerse más, para que después ella disponga, porque ella es misericordia, ella es el día que estabas esperando para poder dejar de depender de tus viles acciones. Tu cuerpo vuelve a su reino, tu cuerpo es destrozado por su voluntad, porque tu cuerpo es suyo desde la concepción. Atrás queda el castillo sin luz donde duermen eternamente las almas de los impíos, las almas de aquellos que se pensaron más grandes que su misericordia. Condenados a no poder descansar en una habitación diminuta de un reino sin sol, sufriendo el frío y la oscuridad eternos. Pero no vos. No en tu caso. Está escrito. El evangelio del Comisario según la Virgen de la Sangre. Tu baile infernal rumbo a su abrazo. Tu alma en pena desgarrada por su mirada despejada de males. El mal más puro de todos, el que nunca se contaminó con nada. Su mirada, su maldita mirada. Su voz ausente, su terrible voz ausente. Su lecho, un lecho vacío de sentimientos, un lecho destinado al dolor eterno de sus hijos, los pecadores penitentes que pensaron que rezando su rosario podían elegir mejor vida, mejor muerte. La suya no tiene moral, la muerte elegida para vos es muerte pura. Duele porque es muerte. Duele como la vida. No hay redención en este último destino, hay destino último, lo que no se puede cambiar. Su aparición marca el tope de lo posible, la ruina de tu realidad. A partir de ahí, tu alma entregada en sacrificio, en honor a su bendita voluntad. ¿Qué camino te espera, valiente Comisario? Una aventura que ya fue contada, que ya se escribió en cada rincón. Una cosecha de recordatorios que hubieses deseado borrar para siempre, y para siempre se imprimen en tu inmortal alma. El premio es el castigo, el castigo es tu premio. Ese día, ese fatídico día de la realidad. No debiste apretar el gatillo, no debiste arrodillarte en su altar, no debiste apuntar hacia tu cabeza, no debiste declarar. Debiste guardar silencio y pedir perdón, misericordia. Debiste guardarte para un día mejor. Deberás levantarte y llevar toda la carga, en proceso de redención. La entrada final a su reino es tu condena, el lugar donde seguirás cargando todos los pesos. Pero tranquilo, Comisario, ella siempre va a estar a tu lado, porque tu condena es su condena, tu sufrimiento eterno es el combustible de su existencia. Cada paso en la tierra arrasada, ahora serán pisados por tus pies manchados de sangre, y las hojas blancas del cerezo serán punzantes, serán el reflejo de tu alma podrida, de su misericordiosa mirada. El día final que nunca termina.   

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****como música de fondo:

*******************humildemente, Juan*********************y porque al Comisario me lo imagino con la cara del Ringo Bonavena, pero en el momento justo antes de caer****************


Una noche punk (fragmento del diario del noescritor del barrio Rivadavia)


14 de abril, era de noche…

Me despedí de Despedidas, el último artefacto literario de Julian Barnes con el que decidió despedirse de la escritura. De acá en más le puedo creer o no, o simplemente seguir utilizándolo cuando lo necesite, volviendo sobre alguno de sus libros que tengo en mi biblioteca y que ni a palos son todos los que publicó, obviamente, son apenas cuatro o cinco, por lo cual como me faltan un montón de alguna manera es como si recién estuviese empezando a escribir, al menos para mi. Pero para él, definitivamente – según declara por escrito – sí es el final. Y me quiero quedar con la siguiente frase suya que dice haber sacado de alguien más: “La felicidad no me hace feliz”. Gran frase que atribuye a una amiga suya que , luego de reencontrarse con su viejo amor, y después de concretar matrimonio tardío, se da cuenta de que eso que dicen llamar felicidad a ella no le produce el ser feliz, o al menos es lo que interpreto. Entonces en la madrugada del domingo veo el recital de The Strokes y su líder – otro Julian- Casablancas parece estar interpretando a la perfección lo que refiere Barnes. Resulta que su banda sacó nuevo disco y salió al ruedo nuevamente, y como principal presentación salieron a escena en el festival Caochella, que hoy por hoy es el más famoso del mundo. Para colmo aparecen como uno de los grandes números, solo por debajo de quien cierra la jornada del sábado, un tal Justin “baby baby” Bieber. Y Julian – Casablancas- no puede más de fastidio, no logra asimilar estar cantando para dejarle el escenario al joven canadiense que hace una música que mejor callar… El Julián de los Strokes no puede disfrutar su gran momento, eso que para el resto de los humanos sería felicidad pura, el hecho de estar con tu banda tocando en el escenario más importante del mundo para él es una cagada, tanto que no logra entablar una relación al menos pasable con las miles de personas que lo alientan desde el público o desde la transmisión por Chotube. “Es que la felicidad no me hace feliz”, propondría la amiga de Julian Barnes. ¿Entonces qué es lo que te hace feliz si no es la felicidad? Inconfesable. 

No me animaría a exponer las cosas que me hacen feliz y que nada tienen que ver con lo que convencionalmente asociamos a la felicidad, pero es un buen tópico para probable historia que nunca voy a escribir. Felicidad, tal vez, haya experimentado el domingo en el medio del  pogo en el recital de PIL, la banda del más mejor de los Pistols, que pasó por Mar del Plata. Manera extraña de sentir felicidad, chocando mi cuerpo contra los cuerpos esculturales de un puñado de jóvenes, transpirando y siendo pisado hasta perder las zapatillas, que por suerte encontré al final y que sé muy bien que voy a tener que lavar o tirar el lunes. Y también sé perfectamente que los dolores corporales de tanto pogo me van a complicar la semana de trabajo entera. Conclusión: ya no soy joven. A lo mejor, tampoco es que sea tan viejo, Johnny Rotten tiene setenta y sigue de gira, está ahí parado estoicamente en el escenario, pegando unos gritos potentes como si fuera un soprano del punk, tomando su whiskey escocés y largando escupitajos como si tuviese una manguera de bombero conectada a las vías respiratorias. Ser feliz sin perseguir la felicidad, porque hace horas que no como y solamente tengo cerveza en la panza, y sin embargo salto para un lado y para el otro y me choco con otros cuerpos, y perdón porque casi me llevo puesto al futuro más prometedor del punkrockpostpunkocomomierdaloquieranllamar. Es que en un momento me empujaron fulero y fui a dar derechito contra una de las integrantes de Buenos Vampiros. Pero quédense tranquilos, frené a tiempo y el impacto resultó muy mínimo. Mala mía, ya no estoy en edad, hubiese sido un papelón lesionar a una artista joven y prometedora, todo lo que yo no soy. Me toca la parte del ex joven, nuevo viejo y falso prometedor. La felicidad y sus caprichos. La salida de Brewhouse es una cagada tanto como la entrada, pero a mis camaradas de recitales se les ocurre pedir un auto desde aplicación, y al final no me acuerdo cuál fue, si Cabify, Didi o Uber o Remicoop, lo que me acuerdo es que era una Surán con patente terminada en 237, ¿o era 238? La felicidad es poder, todavía, recordar algunos buenos momentos, como ese sonido que plantó John Lydon junto a sus camaradas de banda, toda gente vieja que viene sonando muy bien, y que menos mal que se pasaron por visita en mi ciudad. Lo bueno de llegar en un bondi a ver a una pieza casi de museo de la música del siglo 20, el siglo que más y mejor habité, y que más y mejor sonó. Sobre la lista de temas hay una impresa que se llevó el camarada Wally, y que queda en su museo histórico de “trofeos” de recitales, tiene unos cuantos y muy buenos e irrepetibles, tanto como la otra camarada, su hermana Marce, pero ella es más de bailar y poguear, los tesoros se los olvida o los lleva en el cuerpo. Hablando –escribiendo- sobre eso, lo feliz no es tanto la felicidad, sino el soltar un poco el cuerpo, aunque la consecuencia sea este dolor que me está matando ahora mientras escribo. ¿De verdad tenía que salir a chocar gente justo con el brazo izquierdo? ¿Por qué no me curaron de zurdera cuando todavía era interpretada como una enfermedad? Supongo que eso de la felicidad no está nada claro, y que cada quien maneja lo suyo como le viene en ganas, o como puede. Sé que hoy lunes mis camaradas estarán tratando esas partes del cuerpo que son las marcas de su felicidad. Los pienso felices, aunque el dolor mitigue sus buenos recuerdos de un domingo punk, muy punk, que quedará en nuestra memoria. 

*****La lista del museo Wally, en el corazón del barrio Rivadavia, tiene la particularidad de que no fue respetada al 100%, hubo modificaciones / adaptaciones que la banda decidió sobre la marcha. Quienes estuvimos esa noche sabremos cuáles temas sí se tocaron y cuáles no, quienes no estuvieron pueden intentar adivinar o armarse una lista de reproducción igual para simular tamaño recital de PIL:

Si alguien estuvo esa noche, por favor, escríbanme su experiencia que vale más que el petróleo. Comparto una foto más, todas gentileza del único e inigualable Wally:

************humildemente, Juan***************hoy más expuesto que de costumbre**********

Declaración de los detectives de Sonora (Detectives del Rivadavia, capítulo 21)



No mames, buey,

estamos un poco cansados

de que te lo pases llorando

como si la cosa pudiese

haber transcurrido de otra forma,

pinche Comisario

la verdad es que hiciste una

de esas ¡cabrón!

que ni el mismísimo

Emiliano Zapata hubiese hecho,

y todo porque tal vez

no dormiste bien

la noche anterior,

porque no tienes sexo

hace cuanto, buey,

eres una pobre alma

sin redención

y te la cargas contra la Virgencita

¿y qué cosa tiene que ver con ella?

tus demonios son los que te cogen,

cabronazo,

deberías lavarte la sucia boca

esa que tienes

antes de hacer pendejadas

como la de apuntar a la sien

a la Madre de la Sangra,

la redentora y misericordiosa

que nos ayuda a cargar

con toda esa pinche mierda

que tenemos que cargar

por no haber nacido

del vientre de la madre

del General Imperial ese,

pinche General impoluto

y cabronazo que salta

todos los días sobre

su sable de la justicia

para regalarse una ropa

más de héroe de ocasión

y dejarnos a los demás

cabrones fuera de la historia,

esa Historia que el cabrón

escribe siempre con mayúsculas

para demostrarnos que es bien padrote,

un pinche y condenado padrote

que se sacrifica por el bien

de la mierda que nosotros

nos quedamos a custodiar

el resto de los días

en el condenado desierto,

soportando el calor

y a esos pinches escorpiones

que serían como la redención,

los fantasmas de nuestras muertes injustas,

pero ni siquiera eso

porque no nos matan nunca,

como a ti cabrón,

Comisarios / detectives

condenados sin condecoración,

olvidados en el sótano

de sociedades infectas

que acaban todos los días

perdonándose en nombre

de cosas que no pueden nombrar

porque si lo hacen

no queda una pinche mierda,

Comisario del sur

con el corazón de un desierto,

 ni lo sueñes cabrón,

jamás moveríamos un dedo

por sanar tus muertes,

no llenaríamos tus altares

con tequila barato

en nombre de una tarde

que no supiste poner la firma

y mirar para otro lado,

cabrón,

las cosas funcionan por algo

y ya creo que lo sabes,

y si más o menos llegamos

al fin de semana

y llenamos nuestros vasos

con algún agua ardiente

y comemos unas enchiladas,

pinche buey,

no cargues las armas

para hacer tronar

un escarmiento a destiempo,

porque ¿cómo era eso

del pinche aleteo

de la pinche mariposa?

como quieras, buey,

ahora ya ni tiempo

nos has dejado,

se empiezan a romper

los cristales del desierto,

y puede ser o arena o sangre

pero lo que no puede

es ese desenlace

que te imaginaste,

cabrón,

uno en el que se te perdonan

los pecados por enterito,

ni lo sueñes,

ni te humilles más,

siéntate si puedes,

buey,

y recibe lo que te toque,

agacha la cabeza

como cualquier hijo

de la Malinche,

y acepta la condena

que ya recayó sobre

todos nosotros,

ni una pizca de redención,

siempre mirando la frontera,

siempre deseando el final,

pinche final

que nunca llega.


*********me pasa que cuando hablan los detectives de Sonora, solamente se me viene a la cabeza Molotov:

*****************************humildemente, siempre soñando equivocadamente, Juan**************aguardando una señal que no sea tan chota***********


Declaración del General del Imperio (Detectives del Rivadavia, capítulo 20)


Ningún mal es necesario. Si aparece el mal en las almas de los condenados, la de todos nosotros, queda habilitado el proceso del final a mano propia, con la espada sagrada de la justicia, avalando la existencia de cada uno de los seres que habitamos el mundo, Ciudad Prohibida no tolera la deshonra, no hay nada más humillante que matar a sangre fría, a traición, mancillar las pocas instituciones que existen en cada generación, todo lo que atente contra la norma debe ser eliminado, especialmente si es uno mismo quien comete el crimen, no hay ser vivo que escape a la lógica, si alguna fuerza superior que no seremos capaces de entender nos dio la capacidad de razonar, nos regaló el don del pensamiento, no podemos actuar como moscas, debemos esforzar nuestro cuerpo y nuestro espíritu hasta alcanzar algo cercano a la claridad mental, dejar nuestro cuerpo liberado de impunidades y saltar sobre la espada de la justicia, ese trozo de metal frío que es nuestra herramienta para sostener el balance en nuestras sociedades, y mire que han pasado siglos pero seguimos existiendo y si seguimos existiendo es justamente porque tenemos noción de lo que es justo y lo que no, Comisario, en mis tiempos tuve que tomar decisiones más difíciles que la suya, nunca me permití la duda porque era el General y todos los ojos de mis subordinados estaban concentrados en mi accionar, la justicia me acompañaba todo el tiempo y yo debía responder a su demanda y si la demanda era mi vida así tenía que ser, cualquier decisión en mi favor reduciría mi existencia a la condición de roedor, de cucaracha, y para peor generaría el descontrol moral que necesita cada tiempo en la Historia para torcerse, ¿o por qué piensa que existen las guerras y las grandes matanzas? justamente porque alguien perdió la noción de lo justo, porque toda una civilización cayó una tarde en la que un insignificante ser humano se olvidó del don preciado, luego de eso queda la muerte lenta pero sin interrupciones de toda una manera de ser de la humanidad, y fíjese lo que quedó de todo eso, fíjese lo que es el mundo en su actualidad, fíjese cómo está el jardín de Ciudad Prohibida y sus cerezos florecidos todo el año para que una muchedumbre de sufrientes saquen horripilantes fotos de cosas que no tienen espíritu, porque yo como General del Imperio me maté por justicia pero los que me siguieron deshonraron esa y toda la Historia, entonces hoy es imposible que la justicia llegue, hoy la carne y el espíritu son débiles y se tientan con la corrupción, caen en la muerte y se regocijan en el sufrimiento ajeno, escapando sin mirar hacia adelante, hacia un goce que no tiene límites y que acaba con todo lo que se encuentra en su camino, Comisario, su muerte era la primera, Comisario, culpable por no haber mirado donde debía mirar, su reacción infundada es un reflejo tardío de lo que pensó podía ser justicia y no fue más que un intento suyo de salvarse sin mirar, se tiró hacia adelante, hacia un futuro en el que se imaginó amparado por esa Virgen occidental que tanto  veneran, no la buscó para terminar con su sufrimiento, la buscó para justificar su racha de violencia, la buscó para compartirle la sangre ajena arrebatada a traición, Comisario usted es un cobarde más que juega al detective, usted busca la justicia cuando la justicia ya no es posible, usted es el último eslabón de todo lo que se corrompió luego de que los cerezos florecidos latieran por última vez, usted es el complemento de una historia de injusticia y horror que viene escribiendo con sus lágrimas de sangre la Virgen de los muertos, la Virgen que lo utiliza primero para que usted la utilice después y juntos se regodeen en una sola misericordia, ese sentimiento superfluo que inventaron para borrar la moral y la justicia, con la misericordia crearon el negocio perfecto, con la misericordia llegan al perdón de sus errores, al perdón de todas sus aberraciones, así dejan la hoja en blanco y vuelven a escribir más historias de injusticia, los mejores escritores que ahora están sentados mirándolo a los ojos, Comisario, invitándolo a la misericordia, poniéndole a disposición una novela negra más, y que se olviden los hechos como sucedieron, que se escondan debajo de la alfombra de una tarde más en Ciudad Prohibida, donde miles de personas se toman fotos sobre los cadáveres de los últimos seres humanos dignos que existieron miles de años atrás, visitar sin sentir latidos, pedir una pizza para comer debajo del cerezo florecido con la sangre de mi cuerpo, sangre que es una muzzarella mal procesada, cuerpos degradados de una especie que supo defender la ética y la moral hasta que un día se empezaron a dedicar a su derrumbe, a la destrucción de la civilización entera, llevarla hasta el estado actual en una mesa dentro del salón de usos múltiples de una comisaría que jamás vio un solo acto de justicia y que nunca lo verá, y que será debidamente defendida por el juez que toque en sorteo arreglado, palabras oficiales escritas sobre un papel que es el mismo que utilizaron los antiguos poetas de mi pueblo, pero ellos escribían con pasión sus mentiras, ahora las historias que se redactan tienen solo la intención de inventar excusas, misericordia, para defender la deshonra y poder seguir adelante con la extinción de la especie humana, hundir en la más vil de las vergüenzas a quienes dimos nuestras vidas por la justicia, entonces no crea que su trabajo ha terminado, le quedan los años más importantes, los años de la redención, los años del silencio y la meditación, la preparación del acto final, y habrá que ver si está a la altura de la Historia, o si simplemente se dedica a dejar pasar toda la impunidad por debajo del puente del arroyo la Tapera, como todas las tardes de su inefable existencia.


********El personaje del lienzo es el emperador chino Chongzhen, un hombre que dicen que fue bastante honorable pero muy débil y dubitativo, en un momento complejo del Imperio. Fue traicionado por sus generales más leales y tuvo que rendirse ante la invasión de los manchúes. En sus últimas horas ayudó a escapar a dos de sus hijos, persuadió al resto de su familia a que se suicidara y terminó haciendo lo propio ahorcándose. Dejó un mensaje final que pudo escribir con trozos de su ropa: 

"Yo, débil y poco virtuoso, he ofendido al Cielo; los rebeldes han capturado la capital porque mis ministros me han engañado. Muero avergonzado de encontrarme con mis antepasados. [...] Dejo a los rebeldes los pedazos de mi cuerpo, pero ¡no les permitáis hacer daño a mi pueblo!"

***********************************************************************************************humildemente, Juan**********************hoy sin música pero con frase final


Esta ciudad me la cambiaron (para Hugo, presente siempre)



Desde el primero hasta el último

de los días

que camino buscando huellas

vacías de presente y sin futuro,

con rastros de pasado despojado,

tarea para resolver

en tiempo de fábrica

sobre un diván vacío,

eso de buscar respuestas

fantasías consoladoras

para evitar el clona

y por ahí lograr dormir

una noche entera de un tirón

¿para qué?

Dejar tranquilas 

a las dos o tres personas

que preguntan ¿cómo andás?

mirando una pantalla de celular;

y sí, y no,

caminamos las mismas calles

del Jorge Newbery

y no parecemos tan distintos,

pero no nos encontramos

en ninguna historia,

porque la última la esquivé,

todavía no pude,

tengo varios epílogos

por escribir,

más todo ese pasado que dejaste

como rastro sin cuerpo,

el estigma de los ausentes-presentes,

es la misma ciudad

sí, y también no,

somos y también no somos

nos bañamos en el mismo mar

en cualquier punto:

Camet, Consti, La Perla, La Popu,

con la esperanza

de encontrarnos

en una de ciencia ficción,

un futuro para siempre distópico

en donde nuestros sueños

terminan por mal interpretarse,

y otra vez es medianoche

de marzo,

y la Historia hace pelota

nuestras calles / nuestros cuerpos;

vuelvo a escribir este

mismo epílogo,

tus huellas no aparecen

y el barrio no es

lo que imaginaba,

hoy seguro que marcho

por esos lugares de siempre

y me va a doler la panza

y alguna lágrima se escapará,

la sensación de que conocimos

muy bien esta ciudad,

la sensación de que

a esta ciudad

me la cambiaron.


Declaración del abogado (Detectives del Rivadavia, capítulo 19)


Es bueno hacer catarsis, no lo dude querido Comisario. Es bueno estar preparado para lo peor. Es bueno afrontar las consecuencias de cada acto injusto que se haya cometido contra una cosa o tercero. Es bueno operar desde las sombras para salvar a los que merecen ser salvados…como a usted, querido Comisario. En nuestro trabajo hay que mantener las apariencias casi todo el tiempo. En verdad, en eso es igual a cualquier otra labor humana. Pero este instante nos sirve para reflexionar, pensar entre todos cuál es el camino correcto a seguir. Ponernos de acuerdo, querido Comisario. Yo lo conozco y sé muy bien el trabajo que se viene haciendo en esta bendita comisaría del barrio Rivadavia. Una de las peores seccionales de la zona, pero por culpa del contexto, que es en definitiva lo que nos condena siempre. Puede sonar determinista lo que les digo, Comisario, enviados del Ministerio, pero sabemos muy bien que la realidad no tiene mayor encanto que ese. Determinismo y punto final. Sé muy bien que en otro contexto, distinto sería su accionar y el de sus subordinados. Sé de las horas mal pagas, los problemas edilicios de la Comisaría que te tocó en condena, conozco muy bien la escasa preparación del personal y la nula capacitación ofrecida este último tiempo, sé de la falta de recursos y material y de que el barrio está cada vez peor. Claro, el narcotráfico y lo que lo rodea, sí. Los quioscos, las bandas, la violencia en las calles, nada nuevo bajo el puente del arroyo La Tapera. ¿Les conté de la vez que me caí en ese arroyo inmundo? Eran otros tiempos, el barrio era diferente, la gente era distinta, no había tanta violencia, tanta prensa para la violencia, tanto cine para la violencia. En algún punto, todos somos culpables e inocentes a la vez. ¿Parece contradictorio? Es contradictorio, querido Comisario. Por eso le ruego que no se condene tan precipitadamente, porque puede ser que lo necesitemos para construir un futuro….¿cómo decirle en términos verosímiles, posibles?....para construir un futuro un poco más habitable. Sigo la comparación, tal vez La Tapera ya no tenga el caudal que tenía en otros tiempos, y de seguro que donde está desértico ya no va a pasar agua, pero puede que en algunos días del otoño sí suba el agua un poquito y se vean unos charcos. No sé si me explico. En comparación a toda la violencia y muerte que vio hasta hoy en esta comisaría de mierda, lo suyo es apenas un accidente. ¿Evitable? Puede ser. ¿Injusto para las víctimas? Tal vez, habría que ver con detalle. Pero yo no estoy acá para decir qué cosa es justa y cuál no. Yo soy el representante legal del cuerpo, el que pone lo suyo para facilitarles el trabajo a ustedes, querido Comisario. Lo suyo fue una reacción desmedida ante una clara injusticia, y lo entiendo. Por eso lo perdono, como buen cristiano. Lloro sangre con usted, aunque no me guste. Esa sangre merece su justicia también, lo entiendo, lo comparto, no vaya a pensar mal de mí. Pero disiento en la condena apresurada. Querido Comisario, su condena sería la condena para todo el barrio, para la comisaría, para todos nosotros, los que mantenemos el verosímil de la violencia en términos soportables para la sociedad entera. Ese es nuestro primer mandamiento. Antes que nada, estamos obligados a servir al prójimo, por lo que su declaración no puede ser realizada ante el juez, jamás. En defensa de los ciudadanos de bien, de sus días en paz, debemos acordar otro tipo de declaración. Y quédese tranquilo, querido Comisario, los héroes caídos en servicio tendrán su condecoración, su reconocimiento. Jamás los tiraríamos a la jaula del león. Los cuidaremos como a usted. Servidores públicos, eso es lo que somos, y por eso nos cuidamos por el bien de la humanidad. Héroes, eso es lo que la sociedad necesita. Muchos héroes. Como usted, querido Comisario. Exactamente como usted, aunque ahora no se sienta precisamente en esa posición. Su reacción es una condena para la impunidad. Usted arregló la cloaca de este inmundo espacio urbano. Y se ensució, por supuesto, fue inevitable. Lo que nos queda es arreglar lo que se pueda. Y lo que debemos hacer es centrarnos en eso, querido Comisario. A lo mejor, un tiempo fuera del cuerpo policial le haga bien, con seguimiento terapéutico, por supuesto. Y después vamos evaluando. Daremos por hecho el enfrentamiento, las muertes inevitables, el estado de shock en el que usted quedó y esa es la salida más conveniente, créame. No solo para usted, que se lo merece aunque ahora le cueste creerlo. Sino para todas las fuerzas de seguridad y quienes trabajamos día a día con ellas. Esto ya lo hemos sufrido incontable cantidad de veces. No es la primera comisaría ni será la última, en la que un evento desafortunado desencadenó una matanza desgraciada. Pero la Institución es la prioridad, el Sistema tiene que ser salvado siempre, a cualquier costo. Imagine si mañana saliera a la luz su declaración. ¿Qué se supone que tendríamos que hacer con la comisaría? ¿Quién se haría cargo de reflotarla? ¿Quién confiaría su seguridad al cuerpo? No se puede, debe entrar en razón. Se lo suplico, querido Comisario. Y, una vez más, le doy la razón, por supuesto que es un desastre todo lo que sucedió, por supuesto que somos asesinos reglamentarios, por supuesto que nos dedicamos a administrar la delincuencia. Sin dudas. ¿Corruptos? ¿Impunes? ¡El subsuelo del Sistema todo! Claro, pero necesarios. Para que más o menos funcionen los barrios, las ciudades, las provincias, el país y el mundo, debemos existir a pesar de nuestros errores. Todo lo que sucede en el mundo cada día, son males necesarios, por algo seguimos existiendo en el planeta. Esto es lo mismo, querido Comisario. Somos una pieza más, con la forma y el olor que sea, pero necesaria. Le ruego, por última vez, que considere rever su declaración. Le damos el tiempo que necesite, no se haga problema. No existe nada más importante que redactar con responsabilidad. Un texto, ya sea escrito o en voz alta, puede generar el final del mundo. No lo dude, querido Comisario. 


**Creo que este era la música para el final de la historia, pero no aguantó más:

**************************humildemente, Juna***************mucho gusto*****************************

Declaración del Comisario (Detectives del Rivadavia, capítulo 18)

No se puede respirar. Es imposible. Intento todos los días, desde hace años. Es imposible. Trato de hablar de corrido. Me cuesta. Mis pulmones no dan el aire que necesito para contar lo que tengo que contar. Si tuviera una bala más, me volaría la cabeza. Si tuviera dos balas más, remataría al abogado de mierda y después me volaría la cabeza. Si tuviera más balas les pegaría un tiro a cada uno de ustedes y al Ministro y al Gobernador y al Presidente, y con la última bala me iría yo. Pero sé que no serviría de nada, porque los hijos de yuta se reproducen como las cucarachas, son invencibles. Mierdas de seres humanos siempre hay y habrá y no se puede hacer nada. ¿Emoción violenta? ¿estado de descontrol psicológico? ¿fingir demencia post trauma? No fue lo que pasó, ni merece la pena intentar decir otra cosa. Ese maldito registro que inventamos los policías para hacer nuestro propio policial clase B. Una parrafada de mentiras acompañadas por la adulteración de pruebas, todo dispuesto para que terminen condenando a quien no tuvo nada que ver, y liberando a quien sí lo hizo. Después, los capítulos que siguen siempre, como la culpa, hasta que de alguna manera pasa algo, los verdaderos responsables se quiebran o alguien los persigue y los quiebra con toda la fuerza de la lógica y la razón. Policiales. La realidad es esta, son ustedes. El buitre que va a escribir la declaración, que va a llevar el rótulo de un juez y, con esa firma, ser transmutado, de ficción a documento probatorio legal y punto final. Obediencia debida y todos inocentes hasta que se demuestre….Pero nadie va a demostrar un carajo, ¿no? Ustedes dos, los enviados de “arriba”, con esas caras de “ya sabemos cómo fueron las cosas, quédense tranquilos que lo arreglamos todo”, como si se tratara de una mala película hollywoodense, uno de esos thrillers donde ganan los que deben ganar para que la sociedad continúe con sus compras. Nada más, cuestión de “orden y control”. Control, pensar que decían que ese tipo de sociedad ya no existía. Pero sí. El control, la necesidad de saberlo todo para escribirlo todo, de nuevo. Narrador omnisciente. Un boludo asustado por un escape, por descuido propio, en el corazón de la comisaría. El Ayudante que sale corriendo y saca el arma y tira ese tiro que da en el cuerpo de una inocente que justo pasaba por ahí, en el lugar menos indicado en el momento menos indicado. No me van a creer, pero ya lo sabía. La Virgen de la Sangre. Anote, abogado, el Comisario y sus desvaríos, ¿no? ¿no le sirve al argumento de su novela? Bien, las desgracias las construye esa perra desde las sombras. Luego las llevan a cabo seres humanos incapaces de cualquier cosa y, finalmente, llegan los escritores, ustedes, los que novelan los sucesos para que todo siga igual. Yo en un hospital psiquiátrico, obvio. Los cadáveres debidamente condecorados, la inocente resarcida con guita, por lo menos ganancia para lo que le quede de familia. Todos contentos. O no, pero al menos tranquilos por un tiempo más, un tiempo que se termina con el próximo asesinato, ¿verdad? Porque saben perfectamente que la cadena no se corta nunca, vendrán más cadáveres y ustedes seguirán escribiendo policiales, firmados por juez, hasta que un día les toque. Decir que no me quedaron más balas en el arma, zafaron. ¿Escribiste, abogado? ¿Llamamos al juez? Ese mal parido amigo de ustedes que está pensando en el culo de su empleada y en qué carajos de droga va a probar el fin de semana en ese puto barrio privado en el que vive fuera del mundo, para después subirse a su trono y juzgar todo aquello que no tiene ni remota idea de cómo mierda funciona. Mierda. Su cara de mierda y su vida de mierda y su manera de regalar impunidad a ustedes. Control y poder. Nunca vamos a salir de ahí. No hace falta. ¿No les queda mejor pegarme un tiro y sumarme a estos cadáveres? Me harían un gran favor. Hay un olor a podrido insoportable, carne quemada por proyectiles. ¿Quieren saber por qué los rematé a sangre fría? Porque fue el único acto de justicia que se me ocurrió posible en esta comisaría mal cagada. Los vi armando la escena, como si nada. Ayudando al asesino por compartir uniforme. Camaradería de la fuerza. Y no pude más. Otro tanto para analizar, el General del Imperio apareciendo por detrás de mis acciones, ayudándome a reaccionar. Impartir justicia con la moral compartida. Sin escatimar acciones. Sin perdonar lo imperdonable. No podemos devolver las vidas inocentes, eso ya lo sé, no estoy tan loco. Pero sí podemos despejar la oscuridad del camino. Eso hice, nada más. Salvé el honor del General del Imperio. Salvé Ciudad Prohibida. Me salvé. Dejé de lado el desierto impune. Claro, la Virgen de la Sangre no me lo va a perdonar. Me seguirá buscando aún después de esto, después del encierro, quizás durante. Ya tendrá tiempo de tenderme su próxima emboscada. Tal vez otro paciente tome un cuchillo y se corte las venas de los brazos o se abalance contra una enfermera delante mío, y la sangre me salpique la cara, y la muy puta me mire y me diga: “misericordia, Comisario, misericordia. Lloremos lágrimas juntos mientras oramos, te necesito, todavía” Y ya no la voy a mirar más, porque ya hice lo que tenía que hacer. Solamente me faltó una bala, una sola bala más. Juro que la miré y supe en ese instante que no iba a salir ese tiro. Lo sé perfectamente ahora. No me va a dejar. Mi consuelo, ustedes. Con esas caras burocráticas. Sépanlo, están en sus manos también, y no los va a dejar tampoco. Tendrán que seguir navegando entre ríos de sangre por donde sea que vayan. Tendrán que seguir inventando historias hasta que un día no puedan más. ¿Saben lo que va a suceder ese día? Tienen tiempo para imaginarlo, me tienen a mí de ejemplo. Ojalá estén lo suficientemente lúcidos en ese instante para tener ese último tiro a mano. No se sientan mal, la justicia no es nada.


****Música de fondo, que va con el personaje, al menos hoy:

****************humildemente, Juan*********************no hay maquillaje para quien no ve.....++++++++++++********************

El evangelio del Comisario según la Virgen de la Sangre (Detectives del Rivadavia, capítulo 22)

La Virgen de la Sangre, la Madre de la misericordia, la tierra arrasada. Sus pies caminan con los tallos blancos de las hojas de todos los c...