Ahí seguía a
pesar de todo. A pesar de la bala que entró y salió casi quirúrgicamente. ¿Qué
había pasado? No recordaba. Tampoco le interesó demasiado. Pudo advertir a El
Ayudante en el asiento al lado de su cama. La máquina para respirar ya no
estaba, perfecto, su cuerpo ya empezaba a adaptarse nuevamente al aire
putrefacto de la ciudad, a ese olor insoportable de las salas de hospital.
Sería uno de esos calabozos que destinan a los pacientes más afortunados en El
hospital que te tocó en desgracia. Al estar uniformado, era lo mínimo que
podían hacer por él, un comisario más postrado en una cama, consumiendo
recursos, pero debidamente utilizado para protagonizar los noticieros en esa
jornada y hasta que saliera del peligro. A lo mejor, hasta el Intendente
lo iría a visitar para una foto, una condecoración, una invitación a
restaurante cheto para “vos y toda tu familia”. No tenía familia, no le quedaba
familia. En un momento de su historia decidió alejarse de todos sus
seres conocidos. Eso eran para él, como extraterrestres o monstruos a los que
denominaba “seres”, podrían haber sido zombis. Deberían ser zombis, personajes
extraños que no tenían nada que ver con lo que esperaba de la realidad.
¿Estaría desvariando? Como sea, no había querido alejarse de ellos con
anécdotas feas, y por eso decidió autoexiliarse, mudarse a otra ciudad y
comenzar su trabajo allí, siempre en una comisaría, el único lugar que lo
soportaba. Tal vez, el único espacio que él podía soportar, porque ahí ya casi
nada era humano. Entonces la cosa sería, en verdad, al revés. Él sería el
“ser”, la pieza que no encajaba en las fiestas de fin de año, los domingos y
los cumpleaños. Autoexiliado, ahora recuperándose en un hospital tan aterrador
como la muerte, y con un compañero que apenas lo conocía haciendo las veces de
“ser querido”, aunque no lo quería para nada y sabía que el sentimiento era
mutuo, no podía ni debía ser de otra manera. No quiso hacer movimiento alguno,
no tenía ganas de que El Ayudante lo molestara con preguntas pelotudas sobre
cómo se sentía y si necesitaba algo. Se quedó mirando al techo mientras el otro
dormía en la silla, porque si trabajás en la Comisaría que te tocó en
condena el sueño te persigue y te encuentra en cualquier lugar más o menos
cómodo y silencioso. Trató de recordar lo que había sucedido. Sintió que le
dolía todo el cuerpo, pero el vendaje estaba a la altura del pecho, por lo que
la herida de fuego habría entrado y salido por allí. ¿Qué había hecho ese día?
Cierto, la investigación del asesinato del pibe. ¡El supuesto testigo! Ese
fanático religioso que hablaba del Maligno, así con mayúsculas, y todo su
poder mágico o milagroso. Eso que necesitamos sublimar todos los seres humanos,
una suerte de enemigo supra poderoso al que poder culpar de todos los males que
existen en nuestra diminuta realidad. Ese hombre desvariaba, ese hombre
recitaba poemas que tenían siempre al mismo protagonista, el Maligno.
Una suerte de campesino desclasado, que ya de pequeño no cesaba de hacer
maldades. Una suerte de poema épico, a lo Martín Fierro, pero donde el viejo Vizcacha
terminaba siendo coronado como rey junto al Juez que le redactaba las verdades
más injustas para su propio beneficio. Entonces esta especie de apóstol
jurídico escribía unas “sagradas escrituras” pero en signo inverso, porque
inmortalizaba en palabras todas las inequidades más terribles imaginadas por
ese “ser”, ese Maligno, ese culpable, entre otras cosas, de que su vida
siguiera siendo un interminable calvario. El culpable, entre otras cosas, de la
muerte del pobre niño. ¡No, eso no! Le había dicho el Desvariado. Lo del
pibe fue otra fuerza, otra cosa. Así dijo, otra cosa, ahora empezaba a
recordar….ese momento fundamental que viene anunciado desde la poética de
Aristóteles, la anagnórisis, el reconocimiento, cuando el personaje principal
se entera de algo que no sabía y así las cosas cambian en la historia, comienza
el desenlace…No se había tratado del accionar del Maligno, porque no
actuaba así. El Maligno hacía todo a plena luz del día porque le
interesaba aleccionar, sembrar el terror. Estaba muy interesado en que su
autoría saliera en primera plana. Por eso trabajaban a viva voz tantos curas y
pastores, señalándolo en cada tropelía, en cada crimen. Su huella estaba
retratada, reclamaba autoría. Pero lo del pibe no. No había huellas. Lo que
había era una escena aberrante. El cuerpo más frágil e inocente completamente
mutilado, empalado. Un sacrilegio que ni el Maligno aprobaba. Era otra fuerza.
Recordó que el Desvariado en algún momento del interrogatorio comenzó a
transpirar, se puso visiblemente nervioso, alterado. Luego de aquel último
recuerdo las cosas se oscurecieron en su memoria. El Comisario supuso que ahí
habría recibido el disparo. Del resto se enteraría más tarde, una vez
recuperado y luego del diálogo con El Ayudante. Cuando arribaron a la casa del
Desvariado estaba él solo herido en el piso, nadie más. Había comenzado la
búsqueda del Desvariado en la ciudad y zonas aledañas, pedido de captura inmediata
con recompensa, según el Ministro de seguridad de la provincia. Le causó
gracia, le dolió la herida. ¿Quién carajos iba a pagar? ¿con qué guita, con el
sueldo tuyo y el mío? No alcanza ni para una muzzarella. Se rieron con El
Ayudante, pero todo se volvió al instante en seriedad silenciosa. ¿Quién había
disparado? ¿por qué? ¿habría sido el verdadero asesino del pibe? Del Desvariado
estaba seguro, era apenas un chiflado del barrio, que siempre estuvo delante
suyo sin armas a la vista. Van a buscar al próximo cadáver, le dijo a El
Ayudante. ¿Quién? El Desvariado. ¿Cómo? "Después de dispararme, de seguro
lo habrán liquidado y habrán tirado su cuerpo por ahí, ya lo vamos a encontrar,
seguro". ¿Y por qué no hicieron lo mismo con usted? "Decime vos, boludo",
respondió más o menos o como pudo el comisario. La respuesta a esa última
pregunta no la tenía, pero empezaba a palpitar su intuición, imaginaba y quería
creer por última vez.
******voy a salvarte esta noche.....que.......
***************humil-de-mente, Juan****************transmitiendo una historia desde el barrio Rivadavia de la ciudad de ¿?¿?no me acuerdo*********no te olvides, no me olvides********





