La Virgen de la
Sangre, la Madre de la misericordia, la tierra arrasada. Sus pies caminan con
los tallos blancos de las hojas de todos los cerezos desflorecidos del
universo, y ella flota sobre cualquier superficie. Figura sangrante o arenosa,
depende de donde se aprecie la aparición, que siempre es la misma, pero con
alguna pequeña variante. Cada lugar lleva su nombre y sus ojos siempre
sangrantes, fustigando a los viles enemigos y perdonando a los aliados, a los
redimidos, a los cabizbajos. Una vida entera agachando la mirada hasta la aparición,
en un último y venturoso día donde toda la realidad se hace añicos contra su
misericordia, esa hora del juicio final en donde todos nos encontramos para ser
perdonados y abrazarnos mientras algún traidor nos da el beso y la puñalada por
la espalda. Y sus ojos se clavan ahí, sin mirar pero atentos al desenlace. Si su voz es la ausencia
su mirada viene a completarla, viene a dar las explicaciones que residen desde
siempre en el corazón de cada uno de sus hijos, de sus hijas. Todos sufrientes
en un mismo camino, en la senda redentora que llega a ese tronco de árbol de la
vida, el último, que paradójicamente es el paso hacia la……..
Cosas que no se
pueden nombrar porque son sagradas. Suelo sagrado, palabras sagradas de Virgen.
El perdón y la misericordia, el abrazo fustigador, el abrazo de hielo que todo
lo explica, que lava las culpas sin olvidar el castigo. Y pobre de aquellos que
no quieren ver, pobre de aquellos que imaginan su redención como un acto
individual de heroísmo que quedará en la Historia. La Virgen de la Sangre toma
esas almas para que la acompañen en un peregrinaje eterno, pero sobre ríos
hirvientes de cuerpos destazados. Aquellos que la negaron y deben sufrir porque
para eso existen, para probar su verdadero poder: infundir miedo. Miedo para
quien reza en su nombre, miedo para quien mata en su nombre, miedo para quien la
ignora, miedo para sus hijos, miedo para el padre, miedo para sus predicadores.
La aparición en cualquier lado a cualquier hora, a lo largo de toda una
historia. La Virgen de la Sangre viajando en todas direcciones al mismo tiempo,
vistiendo todas las ropas del bazar del mundo, hablando cada una de las lenguas
del Universo, cosechando infelices hasta el final diminuto de sus
insignificantes vidas, esas que alcanzan grandeza solamente ante su
aparición… Ahí bajó la Virgen de la Sangre, cualquier fatídico día, justo en el
momento en el que te quedás sin respuestas, vacío de preguntas. Aparece, un
destello, las lágrimas de sangre que impiden ver con claridad. No importa, ahí
está. De su mano entrarás en los últimos instantes de tu vida. De su mano
entrarás en el reino de un Dios siempre callado, siempre en silencio, siempre
temeroso de esos ojos. Luego, la confusión del baile diabólico, la Virgen de la
Sangre prepara tu destino final, el largo camino del penitente. Miedo,
sufrimiento, todo lo que conforma su amor. Porque su amor es castigo divino,
castigo eterno, recuerdo de errores pasados que no deberían haber existido. Una
vida entera enfrentando situaciones, una vida entera cometiendo errores, pero
ella llega justo para hacerte pagar con sangre y eternidad de pecador. Y solo
resta arrodillarse y agradecerle, arrodillarse hasta que las piernas flaqueen y
no puedan sostenerse más, para que después ella disponga, porque ella es
misericordia, ella es el día que estabas esperando para poder dejar de depender
de tus viles acciones. Tu cuerpo vuelve a su reino, tu cuerpo es destrozado por
su voluntad, porque tu cuerpo es suyo desde la concepción. Atrás queda el
castillo sin luz donde duermen eternamente las almas de los impíos, las almas
de aquellos que se pensaron más grandes que su misericordia. Condenados a no
poder descansar en una habitación diminuta de un reino sin sol, sufriendo el
frío y la oscuridad eternos. Pero no vos. No en tu caso. Está escrito. El
evangelio del Comisario según la Virgen de la Sangre. Tu baile infernal rumbo a
su abrazo. Tu alma en pena desgarrada por su mirada despejada de males. El mal
más puro de todos, el que nunca se contaminó con nada. Su mirada, su maldita
mirada. Su voz ausente, su terrible voz ausente. Su lecho, un lecho vacío de
sentimientos, un lecho destinado al dolor eterno de sus hijos, los pecadores
penitentes que pensaron que rezando su rosario podían elegir mejor vida, mejor
muerte. La suya no tiene moral, la muerte elegida para vos es muerte pura.
Duele porque es muerte. Duele como la vida. No hay redención en este último
destino, hay destino último, lo que no se puede cambiar. Su aparición marca el
tope de lo posible, la ruina de tu realidad. A partir de ahí, tu alma entregada
en sacrificio, en honor a su bendita voluntad. ¿Qué camino te espera, valiente
Comisario? Una aventura que ya fue contada, que ya se escribió en cada rincón.
Una cosecha de recordatorios que hubieses deseado borrar para siempre, y para
siempre se imprimen en tu inmortal alma. El premio es el castigo, el castigo es
tu premio. Ese día, ese fatídico día de la realidad. No debiste apretar el
gatillo, no debiste arrodillarte en su altar, no debiste apuntar hacia tu
cabeza, no debiste declarar. Debiste guardar silencio y pedir perdón,
misericordia. Debiste guardarte para un día mejor. Deberás levantarte y llevar
toda la carga, en proceso de redención. La entrada final a su reino es tu
condena, el lugar donde seguirás cargando todos los pesos. Pero tranquilo, Comisario,
ella siempre va a estar a tu lado, porque tu condena es su condena, tu
sufrimiento eterno es el combustible de su existencia. Cada paso en la tierra
arrasada, ahora serán pisados por tus pies manchados de sangre, y las hojas
blancas del cerezo serán punzantes, serán el reflejo de tu alma podrida, de su
misericordiosa mirada. El día final que nunca termina.
****como música de fondo:
*******************humildemente, Juan*********************y porque al Comisario me lo imagino con la cara del Ringo Bonavena, pero en el momento justo antes de caer****************
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