El evangelio del Comisario según la Virgen de la Sangre (Detectives del Rivadavia, capítulo 22)


La Virgen de la Sangre, la Madre de la misericordia, la tierra arrasada. Sus pies caminan con los tallos blancos de las hojas de todos los cerezos desflorecidos del universo, y ella flota sobre cualquier superficie. Figura sangrante o arenosa, depende de donde se aprecie la aparición, que siempre es la misma, pero con alguna pequeña variante. Cada lugar lleva su nombre y sus ojos siempre sangrantes, fustigando a los viles enemigos y perdonando a los aliados, a los redimidos, a los cabizbajos. Una vida entera agachando la mirada hasta la aparición, en un último y venturoso día donde toda la realidad se hace añicos contra su misericordia, esa hora del juicio final en donde todos nos encontramos para ser perdonados y abrazarnos mientras algún traidor nos da el beso y la puñalada por la espalda. Y sus ojos se clavan ahí, sin mirar pero  atentos al desenlace. Si su voz es la ausencia su mirada viene a completarla, viene a dar las explicaciones que residen desde siempre en el corazón de cada uno de sus hijos, de sus hijas. Todos sufrientes en un mismo camino, en la senda redentora que llega a ese tronco de árbol de la vida, el último, que paradójicamente es el paso hacia la……..

Cosas que no se pueden nombrar porque son sagradas. Suelo sagrado, palabras sagradas de Virgen. El perdón y la misericordia, el abrazo fustigador, el abrazo de hielo que todo lo explica, que lava las culpas sin olvidar el castigo. Y pobre de aquellos que no quieren ver, pobre de aquellos que imaginan su redención como un acto individual de heroísmo que quedará en la Historia. La Virgen de la Sangre toma esas almas para que la acompañen en un peregrinaje eterno, pero sobre ríos hirvientes de cuerpos destazados. Aquellos que la negaron y deben sufrir porque para eso existen, para probar su verdadero poder: infundir miedo. Miedo para quien reza en su nombre, miedo para quien mata en su nombre, miedo para quien la ignora, miedo para sus hijos, miedo para el padre, miedo para sus predicadores. La aparición en cualquier lado a cualquier hora, a lo largo de toda una historia. La Virgen de la Sangre viajando en todas direcciones al mismo tiempo, vistiendo todas las ropas del bazar del mundo, hablando cada una de las lenguas del Universo, cosechando infelices hasta el final diminuto de sus insignificantes vidas, esas que alcanzan grandeza solamente ante su aparición… Ahí bajó la Virgen de la Sangre, cualquier fatídico día, justo en el momento en el que te quedás sin respuestas, vacío de preguntas. Aparece, un destello, las lágrimas de sangre que impiden ver con claridad. No importa, ahí está. De su mano entrarás en los últimos instantes de tu vida. De su mano entrarás en el reino de un Dios siempre callado, siempre en silencio, siempre temeroso de esos ojos. Luego, la confusión del baile diabólico, la Virgen de la Sangre prepara tu destino final, el largo camino del penitente. Miedo, sufrimiento, todo lo que conforma su amor. Porque su amor es castigo divino, castigo eterno, recuerdo de errores pasados que no deberían haber existido. Una vida entera enfrentando situaciones, una vida entera cometiendo errores, pero ella llega justo para hacerte pagar con sangre y eternidad de pecador. Y solo resta arrodillarse y agradecerle, arrodillarse hasta que las piernas flaqueen y no puedan sostenerse más, para que después ella disponga, porque ella es misericordia, ella es el día que estabas esperando para poder dejar de depender de tus viles acciones. Tu cuerpo vuelve a su reino, tu cuerpo es destrozado por su voluntad, porque tu cuerpo es suyo desde la concepción. Atrás queda el castillo sin luz donde duermen eternamente las almas de los impíos, las almas de aquellos que se pensaron más grandes que su misericordia. Condenados a no poder descansar en una habitación diminuta de un reino sin sol, sufriendo el frío y la oscuridad eternos. Pero no vos. No en tu caso. Está escrito. El evangelio del Comisario según la Virgen de la Sangre. Tu baile infernal rumbo a su abrazo. Tu alma en pena desgarrada por su mirada despejada de males. El mal más puro de todos, el que nunca se contaminó con nada. Su mirada, su maldita mirada. Su voz ausente, su terrible voz ausente. Su lecho, un lecho vacío de sentimientos, un lecho destinado al dolor eterno de sus hijos, los pecadores penitentes que pensaron que rezando su rosario podían elegir mejor vida, mejor muerte. La suya no tiene moral, la muerte elegida para vos es muerte pura. Duele porque es muerte. Duele como la vida. No hay redención en este último destino, hay destino último, lo que no se puede cambiar. Su aparición marca el tope de lo posible, la ruina de tu realidad. A partir de ahí, tu alma entregada en sacrificio, en honor a su bendita voluntad. ¿Qué camino te espera, valiente Comisario? Una aventura que ya fue contada, que ya se escribió en cada rincón. Una cosecha de recordatorios que hubieses deseado borrar para siempre, y para siempre se imprimen en tu inmortal alma. El premio es el castigo, el castigo es tu premio. Ese día, ese fatídico día de la realidad. No debiste apretar el gatillo, no debiste arrodillarte en su altar, no debiste apuntar hacia tu cabeza, no debiste declarar. Debiste guardar silencio y pedir perdón, misericordia. Debiste guardarte para un día mejor. Deberás levantarte y llevar toda la carga, en proceso de redención. La entrada final a su reino es tu condena, el lugar donde seguirás cargando todos los pesos. Pero tranquilo, Comisario, ella siempre va a estar a tu lado, porque tu condena es su condena, tu sufrimiento eterno es el combustible de su existencia. Cada paso en la tierra arrasada, ahora serán pisados por tus pies manchados de sangre, y las hojas blancas del cerezo serán punzantes, serán el reflejo de tu alma podrida, de su misericordiosa mirada. El día final que nunca termina.   

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****como música de fondo:

*******************humildemente, Juan*********************y porque al Comisario me lo imagino con la cara del Ringo Bonavena, pero en el momento justo antes de caer****************


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