Desde el primero hasta
el último
de los días
que camino buscando
huellas
vacías de presente y
sin futuro,
con rastros de pasado
despojado,
tarea para resolver
en tiempo de fábrica
sobre un diván vacío,
eso de buscar
respuestas
fantasías consoladoras
para evitar el clona
y por ahí lograr
dormir
una noche entera de un
tirón
¿para qué?
Dejar tranquilas
a las dos o tres
personas
que preguntan ¿cómo
andás?
mirando una pantalla
de celular;
y sí, y no,
caminamos las mismas
calles
del Jorge Newbery
y no parecemos tan
distintos,
pero no nos
encontramos
en ninguna historia,
porque la última la
esquivé,
todavía no pude,
tengo varios epílogos
por escribir,
más todo ese pasado
que dejaste
como rastro sin
cuerpo,
el estigma de los
ausentes-presentes,
es la misma ciudad
sí, y también no,
somos y también no
somos
nos bañamos en el
mismo mar
en cualquier punto:
Camet, Consti, La
Perla, La Popu,
con la esperanza
de encontrarnos
en una de ciencia
ficción,
un futuro para siempre
distópico
en donde nuestros
sueños
terminan por mal
interpretarse,
y otra vez es
medianoche
de marzo,
y la Historia hace
pelota
nuestras calles /
nuestros cuerpos;
vuelvo a escribir este
mismo epílogo,
tus huellas no
aparecen
y el barrio no es
lo que imaginaba,
hoy seguro que marcho
por esos lugares de
siempre
y me va a doler la
panza
y alguna lágrima se
escapará,
la sensación de que
conocimos
muy bien esta ciudad,
la sensación de que
a esta ciudad
me la cambiaron.

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