El Desvariado (Detectives del Rivadavia, capítulo 13)


Ahí seguía a pesar de todo. A pesar de la bala que entró y salió casi quirúrgicamente. ¿Qué había pasado? No recordaba. Tampoco le interesó demasiado. Pudo advertir a El Ayudante en el asiento al lado de su cama. La máquina para respirar ya no estaba, perfecto, su cuerpo ya empezaba a adaptarse nuevamente al aire putrefacto de la ciudad, a ese olor insoportable de las salas de hospital. Sería uno de esos calabozos que destinan a los pacientes más afortunados en El hospital que te tocó en desgracia. Al estar uniformado, era lo mínimo que podían hacer por él, un comisario más postrado en una cama, consumiendo recursos, pero debidamente utilizado para protagonizar los noticieros en esa jornada y hasta que saliera del peligro. A lo mejor, hasta el Intendente lo iría a visitar para una foto, una condecoración, una invitación a restaurante cheto para “vos y toda tu familia”. No tenía familia, no le quedaba familia. En un momento de su historia decidió alejarse de todos sus seres conocidos. Eso eran para él, como extraterrestres o monstruos a los que denominaba “seres”, podrían haber sido zombis. Deberían ser zombis, personajes extraños que no tenían nada que ver con lo que esperaba de la realidad. ¿Estaría desvariando? Como sea, no había querido alejarse de ellos con anécdotas feas, y por eso decidió autoexiliarse, mudarse a otra ciudad y comenzar su trabajo allí, siempre en una comisaría, el único lugar que lo soportaba. Tal vez, el único espacio que él podía soportar, porque ahí ya casi nada era humano. Entonces la cosa sería, en verdad, al revés. Él sería el “ser”, la pieza que no encajaba en las fiestas de fin de año, los domingos y los cumpleaños. Autoexiliado, ahora recuperándose en un hospital tan aterrador como la muerte, y con un compañero que apenas lo conocía haciendo las veces de “ser querido”, aunque no lo quería para nada y sabía que el sentimiento era mutuo, no podía ni debía ser de otra manera. No quiso hacer movimiento alguno, no tenía ganas de que El Ayudante lo molestara con preguntas pelotudas sobre cómo se sentía y si necesitaba algo. Se quedó mirando al techo mientras el otro dormía en la silla, porque si trabajás en la Comisaría que te tocó en condena el sueño te persigue y te encuentra en cualquier lugar más o menos cómodo y silencioso. Trató de recordar lo que había sucedido. Sintió que le dolía todo el cuerpo, pero el vendaje estaba a la altura del pecho, por lo que la herida de fuego habría entrado y salido por allí. ¿Qué había hecho ese día? Cierto, la investigación del asesinato del pibe. ¡El supuesto testigo! Ese fanático religioso que hablaba del Maligno, así con mayúsculas, y todo su poder mágico o milagroso. Eso que necesitamos sublimar todos los seres humanos, una suerte de enemigo supra poderoso al que poder culpar de todos los males que existen en nuestra diminuta realidad. Ese hombre desvariaba, ese hombre recitaba poemas que tenían siempre al mismo protagonista, el Maligno. Una suerte de campesino desclasado, que ya de pequeño no cesaba de hacer maldades. Una suerte de poema épico, a lo Martín Fierro, pero donde el viejo Vizcacha terminaba siendo coronado como rey junto al Juez que le redactaba las verdades más injustas para su propio beneficio. Entonces esta especie de apóstol jurídico escribía unas “sagradas escrituras” pero en signo inverso, porque inmortalizaba en palabras todas las inequidades más terribles imaginadas por ese “ser”, ese Maligno, ese culpable, entre otras cosas, de que su vida siguiera siendo un interminable calvario. El culpable, entre otras cosas, de la muerte del pobre niño. ¡No, eso no! Le había dicho el Desvariado. Lo del pibe fue otra fuerza, otra cosa. Así dijo, otra cosa, ahora empezaba a recordar….ese momento fundamental que viene anunciado desde la poética de Aristóteles, la anagnórisis, el reconocimiento, cuando el personaje principal se entera de algo que no sabía y así las cosas cambian en la historia, comienza el desenlace…No se había tratado del accionar del Maligno, porque no actuaba así. El Maligno hacía todo a plena luz del día porque le interesaba aleccionar, sembrar el terror. Estaba muy interesado en que su autoría saliera en primera plana. Por eso trabajaban a viva voz tantos curas y pastores, señalándolo en cada tropelía, en cada crimen. Su huella estaba retratada, reclamaba autoría. Pero lo del pibe no. No había huellas. Lo que había era una escena aberrante. El cuerpo más frágil e inocente completamente mutilado, empalado. Un sacrilegio que ni el Maligno aprobaba. Era otra fuerza. Recordó que el Desvariado en algún momento del interrogatorio comenzó a transpirar, se puso visiblemente nervioso, alterado. Luego de aquel último recuerdo las cosas se oscurecieron en su memoria. El Comisario supuso que ahí habría recibido el disparo. Del resto se enteraría más tarde, una vez recuperado y luego del diálogo con El Ayudante. Cuando arribaron a la casa del Desvariado estaba él solo herido en el piso, nadie más. Había comenzado la búsqueda del Desvariado en la ciudad y zonas aledañas, pedido de captura inmediata con recompensa, según el Ministro de seguridad de la provincia. Le causó gracia, le dolió la herida. ¿Quién carajos iba a pagar? ¿con qué guita, con el sueldo tuyo y el mío? No alcanza ni para una muzzarella. Se rieron con El Ayudante, pero todo se volvió al instante en seriedad silenciosa. ¿Quién había disparado? ¿por qué? ¿habría sido el verdadero asesino del pibe? Del Desvariado estaba seguro, era apenas un chiflado del barrio, que siempre estuvo delante suyo sin armas a la vista. Van a buscar al próximo cadáver, le dijo a El Ayudante. ¿Quién? El Desvariado. ¿Cómo? "Después de dispararme, de seguro lo habrán liquidado y habrán tirado su cuerpo por ahí, ya lo vamos a encontrar, seguro". ¿Y por qué no hicieron lo mismo con usted? "Decime vos, boludo", respondió más o menos o como pudo el comisario. La respuesta a esa última pregunta no la tenía, pero empezaba a palpitar su intuición, imaginaba y quería creer por última vez.   


******voy a salvarte esta noche.....que.......

***************humil-de-mente, Juan****************transmitiendo una historia desde el barrio Rivadavia de la ciudad de ¿?¿?no me acuerdo*********no te olvides, no me olvides********



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