Empieza octubre, casi termina la semana, todavía hace frío. La
novela de Carlos Busqued, Bajo este sol
tremendo, tiene tres personajes que se la pasan fumando marihuana, tirados
en algún lado de la casa, mirando documentales de animal planet o history
channel, mientras uno de ellos – que es el más viejo – les consigue una manera
de ganarse la vida secuestrando gente para intercambiarla luego por dinero. Y
lo hacen con una naturalidad que es característica de la prosa de Busqued. Los
diálogos son breves, rápidos, y suelen estar vaciados de sentimentalismos. Son
súper prácticos, lo que genera una frialdad que contrasta con la brutalidad de
las cosas que los personajes hacen y que observan, porque todos los
documentales son sobre lo más tremendo de la voracidad del mundo animal. Temas
que trata Busqued casi como un científico del lado más desalmado y brutal del
ser humano. Y gracias por eso, porque la novela es genial, corta y brutal. Creo
que decir algo más sería llenar páginas al divino botón para entregarle a una cátedra
pedorra de literatura argentina de comienzos del siglo 21. Y sí, el cable era
la diversión de todos los que estábamos al pedo en la vida, luego de la crisis económica número tal. Y también el porro que se conseguía de Paraguay, y cómo nos colgaba
y nos daba vuelta y nos quitaba la sensibilidad ante lo que pasara frente a
nuestros ojos. Y los secuestros exprés también estaban a la orden del día.
Curioso que ahora no se hable tanto de eso, pero en aquel entonces fueron furor
en los medios de comunicación. Y lo que también hay en la novela de Busqued es
un calor insoportable, con olor a mierda y vómito, y animales torturados, mas
un accidente final que termina por beneficiar a uno de los personajes
principales, al más principal: Cetarti. Una especie de final a la
Trainspotting, el personaje que se beneficia en la última escena, por una
oportunidad repentina que le cae de arriba. Y fin, y a seguir con alguna otra
novela de Richard Ford, escritor que tengo muchas ganas de volver a leer. Sigo
leyendo desde el aparatito reproductor de libros digitales, que es una
maravilla porque no me cansa tanto la vista y los libros se consiguen muy
baratos, sin moverme de la mecedora de casa . ¿Ya estoy jubilado? Ojalá. Mi
primo se jubila a los 50, por haber laburado en la cárcel no sé cuántos años.
Qué ojete. Yo pienso hacer al revés, laburo hasta los 50 y de ahí me voy para
no volver, me paso para el otro lado porque no tengo más ganas de seguir
juntando plata para comer y esas cosas, tanto esfuerzo se vuelve aburrido.
Ojalá mañana arranque la primavera y haya olas. Creo que el estilo Busqued me
comió un poco….bastante. Lo aproveché por hoy.
Al otro día….sigue el viento del este justo cuando salgo
del laburo, con la cabeza a punto de estallar, rebotando en verdades de
Perogrullo o insólitas como la siguiente: “Por algo los chinos en Argentina no
andan en autos chinos”. No pienso extenderme en explicaciones lógicas sobre
razonamientos de carnicería / verdulería, que ojo, banco fuerte porque son
material indispensable para la ficción. Otra cosa de la realidad real de hoy,
resulta que hay una tipa en Estados Unidos, que fue condenada a muerte por
asesinar a alguien. Pero la noticia no tiene que ver con su caso o con la
crítica a la pena de muerte que varios estados yanquis todavía sostienen, sino
que lo que está en la primera plana de todos los medios de allá es el hecho casi
fantástico de que la mujer sobrevivió a dos intentos de inyección letal. Lo que
quiere decir que no la pudieron matar, obviamente, lo cual es un problemón por
donde se mire porque: 1) los familiares y amigos del asesinado no obtuvieron su
“reparación” de momento. 2) Los abogados de la mujer empezaron a desfilar por
los medios de comunicación y a escribir demandas contra el estado por no cuidar
debidamente la salud de la ejecutada, que merece una muerte “digna”. 3) Una
droga mortal, que ataca directo al cerebro y lo desconecta, que no funciona, o
al menos no es 100% efectiva, droga que ya se había prohibido años atrás y que
la administración del presidente Trump volvió a autorizar, sin reparar en que
la droga funciona perfectamente pero en animales no humanos. Esto es así, los
veterinarios la suelen usar para sacrificar animalitos que no tienen chance de
supervivencia. 4) La mujer está siendo atendida, porque la falla en la ejecución
le causó otros daños, el líquido se esparció por su brazo dejándole secuelas
que hay que tratar, por lo que hay un hospital con profesionales que están
“recuperando” la salud de una persona que debió morir ejecutada. Otro
sinsentido digno de una tragicomedia hollywoodense con mensaje anti pena de
muerte al final…..¿Cuál sería el final feliz de esta historia? ¿Qué la pobre
mujer asesina sea debidamente ajusticiada? ¿Que le perdonen la vida por mala
praxis, una suerte de “disculpa por no haberla matado correctamente”? ¿Que se
termine de una vez con la pena de muerte, porque las cárceles yanquis no sirven
para ejecutar? ¿Que se preste mejor atención a las drogas para el
procedimiento? No faltan expertos nostálgicos que recuerdan que la horca y la
silla eléctrica, a pesar de ser procedimientos muy inhumanos y barbáricos, ofrecen
estadísticas cercanas al 100% en cuanto a su efectividad. Como sea, la noticia
del día no pudo alejarme o mejor dicho me acercó más, a la novela Canadá de Richard Ford. Otro de esos
comienzos potentes, con una primera persona que va a contar cómo fue que sus
padres terminaron robando un banco a pesar de ser personas consideradas
“normales”. En especial, este inicio, tiene una descripción un tanto despiadada
del hijo sobre la generación de posguerra a la que perteneció su padre. Algo
así como que esos jóvenes habían vuelto sin saber lo equivocados que estaban en
sus convicciones e ideas, y que justamente eso era lo que los iba a terminar
llevando al fracaso. Otra cosa que me llamó la atención, esa primera persona,
hijo ya grande, que mira sobre su pasado con la certeza de que para sus padres
él y su hermana habían sido poco menos que un adorno. Una idea que es muy
similar a la que trabaja en varias de sus novelas Rodrigo Fresán, en las más
“autobiográficas”, esos padres revolucionarios fashion que tenían a sus hijos
de adorno, destinados a perderse en sus propios delirios de época. Algo así,
algo similar, aunque los procesos son muy distintos y las culturas y sus
historias también. Pero sus narradores tienen esas cositas en común. Estaba
pensando, sobre todo, en La parte
recordada de Fresán, porque ahí también el narrador, que es un escritor
igual que en la de Ford, tiene una hermana con la que se relaciona de una forma
muy especial. En fin, seguiremos los rastros y continuaremos con el parte.
Ahora llueve, mañana parece que también.
Domingo de octubre, ganó la derecha en Brasil. Genial, otro lugar
donde ya no puedo ir más, donde tampoco nadie me reclama. Tiene sentido todo lo
que pasa, al menos, un sentido, que no es el más cuerdo. Como sea al menos salió
el sol, y fue el primer día de primavera en Mar del Plata. De fondo, ladra el
perro de la vecina, al que sueño con acogotar, y el celular se llena de
mensajes de un amigo indignado porque tanta gente votó a la extrema derecha en
Brasil, eso de que son todos ignorantes y qué mal que la vieron y que solamente
Cuba va a quedar como bastión de….¿un recuerdo soviético? ¿un país con dignidad
que enfrenta al imperio yanqui? ¿un recuerdo de que se puede vencer a los
yanquis? ¿una advertencia de que mejor ser condescendiente con los yanquis? Tal
vez todo eso junto, y ahí estemos todos encerrados sin saber qué significa lo
que está pasando en el mundo y, especialmente, en nuestro propio terruño. Tenía
muchas ganas de escribir esa palabra con enie, una hermosura. Mi terruño, dónde
empieza y dónde termina, a quiénes incluye, quién lo conduce, cómo lo vamos a
salvar de la desgracia, de la invasión, del olvido. Preguntas sin respuesta,
sin siquiera los ganchos que indicarían que son preguntas que me hago, o nos
hago. La novela de Richard Ford es cada vez más genial, porque voy apenas un
cuarto y no me imagino cómo se viene el resto de las partes. El hijo que sigue
descubriendo cómo sus padres tan normalmente desastrosos se volvieron
atracadores de banco. De un solo banco, lo que sería su debut y despedida, y
ese paralelismo con Bonnie y Clyde, esa necesidad de los estados por mostrar el
castigo al resto de los ciudadanos, exhibir a los delincuentes baleados,
mostrar el auto con los agujeros, decirles ojo, camaradas, esto es lo que se
consigue al quebrar las reglas. ¿Pero y cuando los bancos quebraron las reglas?
¿Por qué no aparecieron con los agujeros de bala por todos lados, por qué
volvieron a ocupar esos hermosos locales y siguieron despilfarrando ahorros
ajenos en propagandas pelotudas de familias inexistentes que sacan créditos que
no pueden pagar? Y todo sigue funcionando igual, las viejas melodías de engaño
suenan a la perfección. Es más, se sobre expone la verdadera intención, y no
pasa nada. Hay gente que incluso aplaude, muy feliz de laburar diecisiete horas
al día por dos mangos, para apenas dormir un par, bañarse y seguir con el
esfuerzo – que es explotación- que los va a llevar hacia…..la nada. Pero vale
seguir teniendo la esperanza de ser reprimido a la primera de cambio. No te
quejes, es lo que hay. Ayer los vi en un escenario a Joan Baez y a Bruce
Springsteen tocando uno de sus viejos clásicos anti guerra, por la paz, junto a
Tom Morello y el que era baterista de Nirvana, se me fue el nombre. El festival
que los reunió fue bautizado “Power to the people”, a lo mejor en alusión al
tema de John y Yoko. John y Yoko como los Bonnie and Clyde pero en clave hippie,
ahora exhibidos desnudos, como unos lunáticos que se quejan mientras sus
mucamas les limpian la cama donde piden por la paz en el mundo, un mundo que es
tan injusto como el de hoy. Y ya nadie parece querer escuchar a viejas glorias
de ayer, todo está empatado en el barro de un futuro que no parece tener
horizonte, o si lo tiene es muy berreta, muy insoportable. Caminar por calles
llena de gente que odia a la otra gente, ser contaminado por ese odio
irresistible. Terminar el día tomando algo fuerte, para estar alerta mañana
porque comienza o sigue la semana, no me acuerdo. Es que también estoy buscando
un tercer trabajo, no me alcanza para seguir haciendo lo que vaya a saber por
qué estoy haciendo. En una de esas me tomo un barco hasta Santiago de Cuba, ahí
me atendieron bien. A lo mejor me quedo a esperar a que el fantasma este del
sur me alcance. Y que después se venga lo que tenga que venirse, ya no me quedan
mejores ideas, me olvidé la letra de esa canción que cantan estos dos
elefantes, ¿cómo era? Poder para la gente, ¿pero para qué? ¿qué gente? ¿éramos
así de copados en algún momento? ¿seremos así de copados en el futuro? ¿Y si le
pregunto a la inteligencia artificial qué mierda tengo que hacer para ser
feliz? No sé, me parece que las preguntas están bastante mal concebidas. Una
más: ¿cómo formular preguntas adecuadas para este siglo? ¿Cuándo podemos
empezar a preguntarnos por el siglo 22? ¿Llegaremos, al menos, con nuestros
deseos? Mil preguntas más que no pienso contestar, y no porque no tenga
respuestas. Me sobran respuestas, pero me parece que ninguna vale mucho la
pena. Y si pasa eso, mejor callar. Las respuestas de la inteligencia artificial
son indefinidas, no pueden parar, no debe quedar vacío. ¿Por qué? Ahí hay algo.
El vacío es insoportable para el poder. Ahí me quedo. Tal vez el vacío, el
silencio, sea lo verdaderamente revolucionario. A lo mejor, esos trovadores ya
no debieran tomar las guitarras para cantar esas viejas canciones que los
jóvenes no piensan escuchar. ¿Escuchar? Perdón, quise decir, compartir en sus
propias redes sociales, para ver después cuántas respuestas obtuvieron, porque
ahí está el ruido más insoportable. Silencio, vacío. Una red social donde no se
comparta nada, donde nadie tenga seguidores ni seguidos. Un futuro que esté
todo en blanco, que sea un espacio a llenar por próximas y desintoxicadas
generaciones. ¿Yo? Nadie, un gaucho olvidado habitando el barrio Rivadavia, que
se hace un fernet más por hoy, y que le desea a Benín un buen futuro
futbolístico. ¿Mañana? Bruce y Joan seguirán con lo suyo. Yo los escucho, los
sigo escuchando, desde ese pasado dorado que terminó de la peor de las maneras.
¡qué lindo que era cuando no lo sabíamos!
*/algo de lo dicho, que se escucha:
*************humildemente, Juan***************no necesito que las cosas suenen bien***************eso ya pasó----******
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