Pero hoy
no, definitivamente. Si queremos hacer una doble interpretación de este día, a lo
mejor no podamos poner a rodar esa película que plantea dos maneras distintas
de enfocar una historia. Las dos carátulas, las máscaras del teatro. El enfoque
dramático y el enfoque cómico. Ya saben, misma historia, mismos personajes,
mismos objetos, pero con dos perspectivas que parecen totalmente enfrentadas,
dos miradas desde polos opuestos. Pero ni tanto. Me refiero a la película
Melinda y Melinda de Woody Allen, y por supuesto que todos odiamos a Woody
Allen. Pero la película es anterior a eso, y entonces la vi en ese pasado y
todavía la tengo fresca, porque me pareció una gran idea para una historia.
Unos amigos cenando, dos de ellos escritores o directores de cine o de teatro, no
me acuerdo tanto, que narran una historia para explicar sus puntos de vista
sobre lo que hacen: uno de ellos historias dramáticas, que le parece que son el
centro de la vida humana, y el otro comedias, que toma como lo más natural del
ser humano. Luego el ejemplo es el centro de la película, con Melinda como
protagonista de los dos enfoques. En el drama, ella aparece como una mujer en
medio de un brote psicótico, sobrepasada de drama. En la comedia, esa aparición
desesperada es atenuada por el enfoque risueño, por lo que dura solo un chiste
en el que intempestivamente irrumpe en una cena de amigos pidiendo ayuda porque
acababa de tomarse como veinte pastillas. Pero luego la ayudan y todo continúa
como si nada, la mirada cómica devuelve al personaje a su centro y de ahí en
más se construye una comedia romántica clásicamente hollywoodense, con enredos
y escenas livianas. Pero en el lado dramático de Melinda, esos mismos enredos
llevan al personaje a meterse en una espiral que va a finalizar con un desenlace
casi trágico. Y tal vez esa sea la parte más floja de la película, porque en la
escena final del lado dramático Melinda amaga con suicidarse, pero la detienen
justo a tiempo, y queda controlada en el piso del balcón de un departamento,
cuando el final más dramático hubiese sido que cumpla con su cometido,
quitándose la vida frente a su novio y a su mejor amiga, que la estaban
engañado. El final trágico. Como sea, una película dentro de otra película
dentro de otra película, como cajas chinas. Y más allá de todo, el que la ve. Y
quien la ve no deja de preguntarse qué tan cómica es la parte cómica de la
vida, y que tan trágica es la parte dramática de la vida. Y si la división
tajante solamente se puede dar en ficción. A lo mejor, lo más cercano a la
realidad sea una Melinda con partes de las dos melindas. Una Melinda que tiene
sus momentos dramáticos, sumada a la Melinda con sus partes cómicas. Una
simplificación. Pero no es el caso. El caso es ficcional, enfoques, miradas,
maneras de narrar una historia. Ahí es donde entra uno con su propio narrar, y
con sus propias lecturas. ¿Es posible leer, por ejemplo, a Kafka desde un punto
de vista cómico? ¿Es posible una lectura dramática sobre un escrito de Groucho
Marx? Calculo que sería distorsionar demasiado, pero la lectura da esa y muchas
otras oportunidades. Tanto más se puede decir de la escritura, con la que
podemos hacer –casi- cualquier cosa que se nos pase por la cabeza, cambiar
tonos y registros, partir frases, dejar parrafadas sin puntuación, matar
personajes repentinamente, pegar saltos temporales, volver a pasados
improbables, jugar con futuros distópicos, revivir figuras emblemáticas
enterradas hace mil años, inventar grandes presidentes que jamás existieron y
que nunca existirán, y etcétera. Y hasta uno mismo se puede poner en el medio
de esa ficción, pararse en una esquina, pelar un chumbo y darse un corchazo en
la sien para despertarse al otro día en el medio del mar Rojo, caminando
descalzo sobre su superficie y dividiendo la factura del agua para no pagarla
entera, al menos, este mes. Y vivieron felices para siempre, o no vivieron
felices pero sí que tuvieron un par de días lindos antes de que volviera a
llover y aparecieran de nuevo todos esos problemas que siempre aparecen y que
hacen más dramática una vida que siempre imagino y experimento como comedia.
Ese sería mi resultado final, después del alargue y los penales. Me quedo con la
Melinda de la comedia. Me quedo con esa Melinda que regala su mejor beso en la
escena final, antes del fundido a negro…just
like that….se paga la luz, suena uno de esos instrumentales de jazz medio
tontos que tanto le gustaban en sus películas al Woody Allen que todavía no
había sido cancelado, pero que ya la había cagado hasta el fondo y solo aguardaba
sentencia. ¿En qué andará? Quien sabe, a lo mejor ya está muy viejo y enfermo,
o tal vez solamente viviendo como jubilado sin asomar mucho esa cabeza trastornada.
¿Y todo esto para qué? Me pasa los días de lluvia, esos que vienen a cortar con
un par de jornadas de sol donde la primavera parecía estar empezando, pero de
repente ¡zas!, cambio drástico en el enfoque, y de un días optimista con sol
creciendo pasamos a lo gris de la lluvia, aunque en esencia seguimos siendo los
mismos, llueva, truene o brille un sol de septiembre. Sí, capaz que hoy no fue
el mejor día, tal vez el drama le ganó a todo lo demás y hasta tuvimos ganas de
llorar recordando esas tardes de sol que ya no compartimos. Pero que no decaiga
el ánimo: “Mañana, como todos los mañanas, puede ser un magnífico día” (Richard
Ford, El periodista deportivo)
*****y sobre días de sol y lado cómico de la vida.........
********************************Humildemente, Juan******************************************hoy todo me sale raro, pero está bien******************
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